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Viernes 13 de diciembre de 2013

La democracia puede ser un lujo demasiado caro

La democracia puede ser un lujo demasiado caro

Con motivo de haberse cumplido treinta años del restablecimiento del sistema democrático se conocieron una inmensa cantidad de análisis expresados en libros, medios gráficos y redes sociales. La mayor parte de las variables describe, por un lado, el balance político y por el otro, el económico. El resultado muestra una constante: progresos indudables en el primero, muchas dificultades en el segundo

¿Por qué tantas variables? Si la democracia es el gobierno del pueblo, la única pregunta debería ser cuánto ha progresado la calidad de vida de la gente. Esta variable se vincula con los pobres, no con los ricos. Para aquellos que disponen de recursos económicos, en cualquier tiempo y lugar, los sistemas políticos le son casi indiferentes: para flotar sobre los problemas o para desaparecer en el exilio.

Los que no disponen de otro recurso que el de su trabajo diario, son la clave de arco para saber cómo funciona realmente un sistema. Treinta años de democracia no han mejorado la calidad de vida de los que viven en el borde de sus necesidades. En 1983 el nivel de pobreza de sus habitantes era de 19.1% y el de indigencia 5.4%. En 2012, agravado probablemente durante 2013, la pobreza alcanza a 26.9% y la indigencia a 5.8%. (Datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina – UCA).

Casi toda la diferencia entre desarrollo y subdesarrollo pasa por esta variable del nivel de pobreza. Después vienen las explicaciones intelectuales: los países desarrollados (por ejemplo, Estados Unidos y Europa) “tienen un nivel de alienación inconcebible y viven obsesionados por el consumo”. Pero por algo son los países donde los pobres tratan de emigrar y radicarse. Son el paraíso de los pobres, no de los ricos, que lo pueden construir en cualquier parte.

La dirigencia política debería leer estas notas de la realidad: democracia, libertad de expresión, Congreso, Poder Judicial independiente, seguridad personal y jurídica, pueden ser lujos demasiado caros para un país con once millones de pobres, sobre cuarenta millones de habitantes.

La Argentina esta entretenida con la salud de su Presidenta, con la huelga de su policía, con el juicio de su vicepresidente. Todos hechos importantes en cualquier país, desarrollado o subdesarrollado. Pero la dirigencia política, económica, sindical e intelectual debería pensar cómo se sale de un sistema que, constante y crecientemente, fabrica pobres e indigentes. Con una advertencia, necesaria siempre en la Argentina: el tema no es realizar maravillosas descripciones sobre el problema, sino solucionarlo.

Fuente: www.cartapolitica.org