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jueves 5 de marzo de 2015

La noticia de la semana

La noticia de la semana

Si preguntáramos aquí, a modo de encuesta, cuál ha sido la noticia política más relevante de los últimos días, el mayor número de respuestas se concentraría en tres o cuatro cuestiones. Ellas seguramente referirían al reciente cambio de gabinete, el discurso dado el domingo por la presidente en el Congreso, el comienzo de las clases, o la resolución del juez Rafecas. Sin embargo, por el peso que tendría en las próximas elecciones, creemos que la noticia que merece destacarse es la que informa que Ernesto Sanz contaría con los votos suficientes en el seno de la convención nacional de la UCR —que sesionará en Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos, el 14 de este mes— para cerrar un acuerdo con Mauricio Macri.

Es verdad que hay una pequeña trampa en atención a que se está dando por sentado lo que es un supuesto. Pero hay razones fundadas para pensar que, efectivamente, hasta los radicales más refractarios a cerrar filas con el PRO, ahora han cambiado de idea. Incluso Ricardo Alfonsín y Margarita Stolbizer negocian en este momento, bajo cuerda, el armado de listas en la provincia de Buenos Aires con Emilio Monzó, el principal operador del partido que se identifica con el color amarillo.

Lo que comenzó siendo una patriada de Oscar Aguad primero y de Elisa Carrió, después, a la que más tarde se adhirieron Ernesto Sanz y otros jefes del interior, ha derivado en una suerte de convencimiento casi generalizado de que el radicalismo debe forjar una alianza con Macri, so pena de dejar pasar un tren sin retorno. Sólo el jujeño Gerardo Morales y el tucumano José Cano continúan fogoneando, en solitario, la conveniencia de una PASO amplia que debería incluir también a Sergio Massa.

Si esto se confirmase entre el 14 y las primeras semanas de abril, el PRO se habría anotado —básicamente, a expensas del de Tigre— otro triunfo estratégico. Le sacó claras ventajas al soplarle a Carlos Reutemann, cuyo entusiasmo actual es tanto más notable dado su proverbial mutismo. De buenas a primeras se ha convertido en un fervoroso y hasta verborrágico —para sus estándares— seguidor de Macri. Sumar, además del pase del santafesino, un entendimiento así con el radicalismo no dejaría al Frente Renovador fuera de carrera pero haría las delicias de un macrismo que ya figura —en no pocas encuestas— encabezando la puja de los tres presidenciables y no cesa de crecer en términos de la intención de voto que acredita su jefe.

Hace un año decíamos aquí que, si no se equivocaba de estrategia, Massa era quien mayores posibilidades tenía de suceder a Cristina Fernández. Esa era la foto del momento. Transcurridos doce meses, la película muestra otra cosa. Es Macri quien lleva las de ganar, producto no sólo de un plan mejor diseñado y ejecutado que el del FR sino de la tendencia que viene perfilándose —sin prisa y sin pausa— a partir del instante en que quedaron él, Scioli y Massa en la competencia. Macri sube, mientras los otros dos o han descendido o están estancados. Esta tendencia, ¿es definitiva? —Nadie puede asegurarlo, pero algo resulta seguro: hay uno que viene embalado y acapara todas las atenciones. De lo contrario, ¿por qué Reutemann decidió dar ese paso o por qué los radicales —que mucha simpatía no le tienen— están a punto de hacer lo mismo?

Pasemos al oficialismo. Si nada significase el hecho de que el kirchnerismo haya nombrado en el curso de los últimos doce años a 56 % de los jueces nacionales y federales —algo que hizo con premeditación y alevosía—, la resolución de Daniel Rafecas le quita todo basamento serio a la acusación levantada por la presidente respecto del “partido judicial”. A fuerza de ser honestos y de seguir estrictamente la línea de razonamiento de Cristina Fernández, habría al menos dos banderías entre los magistrados y fiscales: una adicta al gobierno y otra independiente del mismo. Esto en tren de simplificar la verdad. Salvo, claro, que sólo se tenga en cuenta a Claudio Bonadío, Ariel Lijo, Raúl Plee y Ricardo Recondo y se omita en el análisis a los Norberto Oyarbide, Garrigós de Rébori y Javier De Luca de este mundo. Las cosas en el ámbito judicial no son tan lineales. Contra lo que supone la presidente, no abundan los blancos y negros rabiosos sino más bien proliferan los grises.

El escrito de Rafecas, tan lleno de ponderaciones a la jefa de estado y a su canciller, no es ni bueno ni malo; es raro. Por de pronto el juez demostró una celeridad asombrosa para expedirse sobre el particular. En segundo lugar y aunque fundamente sus argumentos, no parece justo que cierre toda posibilidad de profundizar siquiera sea en algunas de las hipótesis aportadas por Nisman. Tercero, es cuando menos curioso el presunto error burocrático de habilitar una feria largo hacía cerrada. Como quiera que sea, si bien es cierto que al desestimar la imputación alivió a la Señora y a su ministro de Relaciones Exteriores, el precio que ha debido pagar el kirchnerismo es alto. Y el daño que le ha hecho resulta políticamente irreparable.

No hay contradicción ninguna entre el costo que ha tenido el caso Nisman y la soberbia y falta de autocrítica de la actual administración. Si alguien supone que Cristina Fernández va a reconocer sus errores o debilidades públicamente, no ha vivido en la Argentina desde 2003 en adelante. Y si de casualidad, se le hubiese cruzado por la cabeza entonar, por lavado que fuese, un mea culpa, ahora —a diez meses de entregar banda y bastón de mando a su sucesor— sería lo último que haría. Basta haber escuchado su último mensaje en el Congreso Nacional para darse cuenta de que no sólo nada cambiará en su actitud sino que tratará por todos los medios de polarizar aun más al país, sin importarle demasiado los resultados.

A esta altura del partido, faltando menos de cuatro meses para el cierre de alianzas y listas, cinco para que se substancien las PASO y ocho para que se lleve a cabo la primera vuelta de las elecciones generales, es evidente que el partido de gobierno ha puesto en ejecución una estrategia de dispendio populista en punto a las políticas públicas y el manejo de las reservas que no admite marcha atrás. La consigna de la hora es gastar indiscriminadamente y que cargue con el fardo el que sea electo y deba asumir el 11 de diciembre. Hasta la semana próxima.

Fuente Massot / Monteverde & Asoc.