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Jueves 11 de marzo de 2004

La rebelión silenciosa

Una reflexión sobre la realidad argentina a partir de la lectura del libro \»La Rebelión de Atlas\», de Ayn Rand, recientemente traducido al castellano y publicado por primera vez en nuestro país.

A fines del año 2003, se publicó en la Argentina una edición de lujo del libro La Rebelión de Atlas de Ayn Rand. Como reguero de pólvora el boca a boca de miles de ansiosos lectores agotó la primera edición. No es sólo un éxito editorial, ni una moda pasajera. Se trata de un libro histórico a la que mucha gente sólo llegaba en su versión en inglés o la censurada edición española de la época de Franco. La Rebelión de Atlas produce la extraña sensación de “liberar la espalda”. Quienes producen y crean riqueza saben que su espalda carga no sólo el peso de sus sueños y necesidades personales y las de su familia sino también la manutención de millones de personas y los delirios de cientos de funcionarios inspirados con el bolsillo ajeno.

La autora se pregunta: ¿qué sucedería si los que “sostienen al mundo” se cansan de sostenerlo?

Una interpretación más “argentina” de dicha pregunta sería ¿que pasaría si los 9,5 millones de trabajadores del sector privado se cansan de trabajar no sólo para mantener a sus familias sino también para crear riqueza que a su turno se distribuirá en los 6,9 millones de personas que tienen un ingreso que depende del sector público?.

En números:

– En la argentina 9,5 millones trabajan en el sector privado. Un dato relevante es que los aportantes al régimen de AFJP no superan los 3,5 millones con lo cual se habla de una \»evasión previsional\» del orden del 50%. (Algún problema debe haber con sistema que expulsa a la mitad de sus afiliados)

– 6,9 millones de personas tienen un ingreso que depende de alguna administración gubernamental.

Si considerar la “justicia” de tales prestaciones, el dato concreto es que en la Argentina hay un receptor de un ingreso público por cada 1,3 personas que trabajan en el sector privado.

En términos más gráficos, si consideramos que cada una de las personas que recibe un ingreso del Estado (exceptuando de este cálculo a los jubilados) tienen una persona a su cargo concluímos que el 28,9% de la población argentina depende del gobierno. Si extendemos el supuesto a dos hijos (o dependientes), siempre entendiendo que los jubilados no tienen gente a cargo, entonces el 38,6% de la población tiene ingresos que dependen del estado. (Ver Informe Desempleo Encubierto. Pablo Guido – Gustavo Lazzari Fundación Atlas 2003)

En términos, quizás mas gráficos, la cantidad de personas cuyo ingreso depende directamente del Estado (sin considerar si tienen personas a su cargo) equivale al total de la población de las provincias de Catamarca, Chubut, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Misiones, Neuquen, Río Negro, San Juan, San Luis, Santa Cruz, Santiago del Estero y Tierra del Fuego. Es decir, 14 de las 24 provincias argentinas.

Esta es la situación de la “espalda privada” en la Argentina. No sólo tiene que soportar la carga de los sueños, necesidades, fracasos y errores propios, sino también debe crear riqueza para mantener otra “familia” casi igual a la propia.

Pero la mochila privada no termina allí. El 100% de los gastos del gobierno no son salarios, prestaciones y subsidios. También están los gastos públicos propios de la administración gubernamental, la provisión de servicios de seguridad, salud, educación, las obras públicas, el pago de las deudas (a veces) y el largo listado que conforma los presupuestos de cada una de las jurisdicciones.

¿Podrá producirse en la Argentina la “rebelión” de los que sostienen el sistema? ¿Habrá algún estallido o huelga generalizada de los productivos? La respuesta es no. Los gobiernos tienen la suerte que la fuerza productiva nunca se detendrá. Pero algo está sucediendo.

Imperceptiblemente la gente está transitando por “otro sendero”, como diría Hernando De Soto.

El 50% de los afiliados a las AFJP evade. En el caso de los autónomos tal número llega al 70%. Cuando el pago del impuesto tiene ciertos grados de voluntariedad la evasión es altísima. En las últimas décadas (tanto los fatídicos noventa como los dos mil) todos los nuevos impuestos son de cobro coercitivo con cero grado de voluntariedad por parte del contribuyente. (Impuesto al cheque, retenciones, combustibles, devaluación, default, confiscaciones varias, etc). No es casualidad. Los gobiernos deben apelar a sacarle dinero a la gente en forma cada vez mas violenta porque voluntariamente pocos son los que van “contentos al banco” para pagar impuestos.

La “rebelión de Atlas” se está produciendo. La gente depende cada vez menos de los servicios públicos. La salud, la educación, y la seguridad en vastas zonas del país están privatizadas. Donde ello no sucede, los servicios públicos están prácticamente ignorados. La gente “se arregla como puede”, porque sabe que su “socio prestador” falla.

Incluso es llamativa la indiferencia de la gente con respecto al servicio básico que debe prestar el gobierno. La gente no recurre a la justicia. La demostración es que la mayor parte de los delitos no se denuncia. La gente sabe que recurrir a la justicia para denuciar un delito es perder el tiempo. Ni se va a esclarecer el delito, ni se va a restituir el daño, ni se van a encontrar a los delincuentes. Si los encuentran, posiblemente los suelten. Si entran, salen antes de tiempo. El dato mas patético es que la “tasa de denuncias” llega al 80% en los “delitos securitizados”, esto es en aquellos delitos donde los bienes están asegurados. La denuncia judicial en este caso es un mero trámite para presentar la documentación correspondiente en la compañía de seguros.

En los delitos no securitizados la tasa de denuncias apenas alcanza al 15%. Existen serios problemas de medición del delito porque la gente no denuncia. Y no denuncia porque sabe que se trata de una insegura y peligrosa pérdida de tiempo.

Las mochilas del sector privado están agotadas y no están sostenidas por una eficiente administración pública. No habrá estallidos. Pero la “rebelión silenciosa” es un proceso que inició su marcha hace varias décadas y posiblemente estemos en su etapa final. © www.economiaparatodos.com.ar




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