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Jueves 28 de septiembre de 2006

Los demócratas también defienden a su presidente

Las gratuitas agresiones contra George Bush disparadas por Hugo Chávez desde el podio de las Naciones Unidas no tuvieron otro efecto más que unificar a los norteamericanos en el apoyo a su primer mandatario.

El insolente discurso en el que, desde el podio de las Naciones Unidas (ONU), Hugo Chávez se refirió a George W. Bush como a “el diablo” no cayó nada bien en la comunidad internacional. Tanto, que hay quienes sostienen que las palabras incendiarias pronunciadas por el venezolano han mellado un poco las chances de Venezuela de resultar efectivamente electa al Consejo de Seguridad de la ONU, que se renovará sólo en algunas semanas más.

Pero lo cierto es que el discurso incendiario de Chávez no estaba dirigido a la comunidad internacional, sino al escenario doméstico venezolano y al de todos aquellos países en los que el resentimiento contra los Estados Unidos es, por diversas razones, grande.

La bravata de Chávez no es tampoco una actuación inédita. Tiene algunos antecedentes inolvidables de varios otros que, en el pasado, aprovecharon los 15 minutos durante los cuales quien está en ese podio tiene efectivamente la atención del mundo para, por la vía del escándalo, acaparar la atención de algunos que, de otra manera, jamás escucharían cosas semejantes, dichas desde otros púlpitos.

Me refiero, por ejemplo, a Wu Xinquan, quien en 1950 acusó a Truman de burlarse de China, al privilegiar la presencia de Taiwán en la ONU; o al ahora resurgente Daniel Ortega, quien en 1987 describió a Ronald Reagan como “Rambo”; o al colorido ex canciller de Cuba Roberto Robaina (ahora en la más total desgracia), quien en 1996 comparó a Clinton con “King Kong”; o al propio Che Guevara, quien (muy suelto de cuerpo, olvidando lo que pasaba en el interior de Cuba) acusó a los Estados Unidos de no ser el campeón de la libertad; o al físicamente maltrecho Fidel Castro, quien en 1960 calificó a John F. Kennedy como a un “millonario ignorante” y a Richard Nixon como a un hombre “sin cerebro político”.

Como queda visto, son muchos los que aprovecharon la oportunidad anual que supone la Asamblea de las Naciones Unidas para, desde allí, acusar a los presidentes norteamericanos de crímenes que ellos mismos cometían en sus propias casas, absolutamente impertérritos. Como si nada pasara.

No obstante, en los Estados Unidos, el nada sorpresivo ataque de Chávez tuvo un efecto esperado: el de unificar a todos detrás de su presidente.

En efecto, dos voces demócratas no tardaron en condenar a Chávez. Primero, la californiana Nancy Pelosi, la líder de la Cámara Baja, que dijo que el presidente venezolano era “un cotidiano bandido”. Y, enseguida, el diputado liberal –de color– Charlie Rangel, quien afirmó que “Chávez abusó de su privilegio de poder hablar en las Naciones Unidas” y agregó “que nadie puede pensar que los americanos no se sienten ofendidos cuando se ofende a su Jefe de Estado”.

Pese a todo, Chávez, al visitar el barrio de Harlem aprovechando su estadía en Nueva York, a la manera de Fidel Castro, tuvo palabras aún más ofensivas para Bush, señalando que “no tiene ni idea de lo que es la política”, que “es un ex alcohólico” y que “es un enfermo, lleno de complejos”. Increíble. Nos guste, o no, Bush.

Sin embargo, lo más insólito es que muchos países van a votar a favor de Venezuela, para que este país ingrese a ocupar un asiento no permanente del Consejo de Seguridad, a pesar de Chávez. Se garantizaría, así, que tengamos dos años seguidos de alguien que posiblemente vaya a transformar al organismo encargado de la delicada agenda de paz y seguridad internacionales en una exótica tribuna bolivariana, desde la que seguirá presumiblemente el rosario de los improperios y los insultos con un discurso de tono procaz e irrespetuoso, que tiene antecedentes, pero que hará muy poco bien a la región toda. © www.economiaparatodos.com.ar

Emilio Cárdenas se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).


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