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jueves 11 de agosto de 2005

María O’Donnell: “Hay un patrón que tiene que ver con la oscuridad y la falta de transparencia”

En su último libro “El Aparato. Los intendentes del Conurbano y las cajas negras de la política”, la periodista hace una recorrida por seis municipios de la provincia de Buenos Aires donde está instalado el aparato político más poderoso del país. Su investigación revela el funcionamiento de esa maquinaria y analiza cómo afecta a todos los ciudadanos.

– A propósito de su libro, D’Elía estuvo denunciando hace unos días a algunos intendentes. ¿Son los mismos que usted nombra en su trabajo?

– D’Elía dice que entre el 30% y el 40% de los intendentes que hoy están con Kirchner son mafiosos. El único nombre que dio fue el de Raúl Othacehé, que es el intendente de Merlo desde el año 1991. Y sí, a este hombre le dedico uno de los capítulos del libro. En el trabajo hablo de seis municipios diferentes que, de alguna manera, representan distintas problemáticas que creo que son muy comunes en el resto del conurbano de la provincia de Buenos Aires. Uno de ellos tiene la particularidad de que es dirigido por un radical, que es el “japonés” (Enrique) García, que está al frente de Vicente López desde el año 87. En dos años va a cumplir 20 años en el cargo. Y esto sirve un poco para contar que, en ciertas condiciones de reelecciones indefinidas, de falta de transparencia, hay determinados vicios y mecanismos de ese aparato que se reproducen de la misma manera, ya sea en un territorio radical o en uno peronista. Lo que pasa es que el conurbano es casi exclusivamente territorio peronista, salvo la zona norte que es más rica y radical, como en Vicente López, San Isidro.

– ¿Y cómo funciona “el aparato”? ¿Funciona de manera mafiosa, efectivamente?

– Lo mafioso implica una relación directa con el crimen organizado. Algo del estilo de lo que uno vio en “El Padrino”. Lo que yo estudié en el libro es algo mucho más acotado y comprobable. Tiene que ver con cómo es el manejo del aparato municipal, de la caja municipal o de la estructura del municipio, para generar oportunidades de negocios non sanctos como, por ejemplo, el contrato de la basura, que está sospechado de ser la principal fuente de financiación ilegal de la política.

– ¿La basura?

– Sí, porque los contratos consumen entre el 10% y el 12% del presupuesto promedio en los municipios de la provincia de Buenos Aires. Conseguir, por ejemplo, un contrato de recolección de basura puede ser una tarea imposible. En la mayoría de los distritos esto se discute a libro cerrado, se aprueba, y no se conocen siquiera las condiciones de ese contrato.

– A ver, yo me presento en cualquiera de los distritos que usted está nombrando, en cualquiera de las intendencias, y digo: “Yo quiero competir con el señor que está recolectando la basura”. ¿Lo que usted está diciendo es que para poder entrar tengo que coimear o no entro?

– Es más que eso. Es muy difícil, de verdad. Primero, debería conseguir el contrato en vigencia -lo cual no es para nada fácil en muchos distritos- para tratar de saber cómo poder ofertar algo diferente de lo que hay. Por ejemplo, en el caso del municipio de Malvinas Argentinas, hay una acusación judicial concreta al intendente Jesús Cariglino. Entre otras cosas, lo acusan de haberle dado la recolección de la basura a un grupo que, según el fiscal, a su vez le da retorno al municipio. También le cuestionan el tema de los camiones, que dicen que son de asociados amigos de la municipalidad. De hecho, Cariglino por esta causa estuvo preso, en su momento.

– ¿Qué otro tipo de negociados encontró?

– El primero es éste, el de la basura. Después, hay otro ejemplo que para mí es significativo y es el que tiene que ver con el juego. Está todo este asunto de las habilitaciones de los bingos, que no son estrictamente casinos pero se han transformado en algo muy parecido. Estos lugares se habilitan permitiendo que haya maquinitas que son, básicamente, maquinitas de ruleta. Con lo cual son virtuales casinos.
Ahora, fíjese este mecanismo. Los bingos tienen que tener una sociedad intermediaria como beneficiario, ¿no? Además, ese bingo tiene que tener una habilitación municipal del Concejo Deliberante. En la mayoría de los casos, o en muchos por lo menos, como en La Matanza, los dos bingos que están habilitados tienen como sociedad intermediaria a los dos clubes del ascenso en fútbol. Los directivos de esos clubes, son concejales. Entonces, el concejal se sienta y aprueba la ordenanza por la cual su club se va a ver beneficiado. Y esto es lo que se ve. Después podemos hablar de lo que no se ve. Con lo cual esto es una rueda en la que es muy fácil que después este mismo dirigente pueda movilizar a la hinchada del club para un acto. Digamos que por ahí empieza la cuestión cuando uno se pregunta por dónde viene la relación entre la política, el juego y los barrabravas. Me parece que ahí hay algo muy evidente.
Y, por supuesto, además, está la sospecha de que el propio gobernador Felipe Solá planteó en un momento que a esas máquinas nadie las controlaba, que no había un software. Él reguló, de alguna manera, esto para que ejercer un cierto control. Sobre todo porque ha sido una de las grandes cajas de financiamiento ilegítimo de la política.
Hay una investigación grande sobre esto que llevó a cabo la Alianza cuando tenía mayoría en la Legislatura. Entonces, está la recolección de la basura, el juego, las habilitaciones y todo su proceso, las inspecciones…

– Usted sabe que en Olivos hay una zona que está muy cerca de la vía y de la avenida Libertador. Ahí hay una calle que se llama Rosales, que era una zona donde había casas y algún que otro edificio. Pero hoy uno camina por ahí y ve que se compraron de a 3 ó 4 de esas casas e hicieron fenomenales torres de 30 ó 50 pisos, con lo que están cambiando toda la estructura urbanística. Y eso fue avanzando hacia otras calles también, como Rawson y las que siguen. Y uno se pregunta: ¿cómo y por qué habilitaron esto?

– Tomemos el último ejemplo de Vicente López, que es el que usted menciona. No sé si se acuerda que hace un tiempito se había armado un pequeño escándalo porque habían habilitado un negocio, en el que inicialmente estaba Marcelo Tinelli pero después se retiró, donde estaba el hermano de Francisco de Narváez.

– Sí. Pasando la Avenida General Paz, ahí nomás, después de Carrefour, ¿no?

– Exacto. Esa habilitación tuvo la particularidad de que se votó un 24 de diciembre a la noche en un cuarto intermedio, que según denunció un concejal de la oposición fue irregular, incluso la votación. De esta manera, se habilitó este negocio que era para hacer un complejo de shopping, un hotel, cines, etcétera. Según la oposición, esto se consigue violando las normas y, entre gallos y medias noches, un 24 de diciembre. Es, cuando menos, llamativo. Este tema está todavía en la pelea judicial.

– ¿Eso lo aprueba el Concejo Deliberante de Vicente López?

– Sí. Entonces, hay como un patrón que tiene que ver con la oscuridad y la falta de transparencia en estos mecanismos. No abrir el debate a los vecinos, no escuchar a las distintas personas que deberían opinar como sociedades urbanísticas… Y tiene que ver, también, con esto que le decía de las reelecciones indefinidas.

– ¿Cómo es que logran esos políticos ese tipo de reelecciones que se prolongan tanto en el tiempo?

– Es que en la medida en que existe una forma de funcionamiento del aparato que le permite a los funcionarios apropiarse de la estructura municipal en beneficio propio, aprovechan esa ventaja.
Por ejemplo, en La Matanza, el intendente anterior Cozzi tiene una causa judicial muy grave en la que demostraron que la tela de cebolla de los pasacalles de una interna justicialista había salido de la caja chica de la intendencia. Las viandas, los micros, todo, financiado por la propia Municipalidad. Entonces, en estas condiciones, por dar un ejemplo muy pequeño, es muy difícil que alguien pueda competir.
Hay una ley muy compleja en la provincia de Buenos Aires que obliga a la oposición a sacar mínimo un 6 u 8% para poder meter un concejal. Es una ley de cocientes de un sistema electoral que tiende a perjudicar a las minorías y permite la sobrerrepresentación de las mayorías.

– Pero al intendente siempre lo eligen…

– Y es que cuando uno tiene Concejos Deliberantes que, mayormente, tienen el mismo color político del intendente, ese Concejo también deja de ejercer su función de contralor y se convierte en un ratificador de, por ejemplo, una medida de excepción de un 24 de diciembre que llega del Ejecutivo.

– Lo cual no se diferencia tanto de lo que sucede a nivel nacional. Mesa de entrada, sello, pasa y listo.

– Y sí.

– Cuando le hicieron el golpe civil a De la Rúa se hablaba de que en un partido, que no me acuerdo si era Merlo o Morón, se le pagaba a la gente por ir a los saqueos. ¿Usted investigó el tema?

– No, pero hay un trabajo de Javier Auyero, un sociólogo que hizo mucho trabajo de campo sobre el tema del clientelismo en la provincia de Buenos Aires, que justamente está trabajando sobre esta cuestión. Igual yo no sé si fue un golpe. No sé si lo tildaría de “golpe”.

– ¿No? ¿Todavía lo duda?

– Me parece que hubo una clara inacción. Eso sí. Hay un dato objetivo que es que los muertos de la provincia de Buenos Aires de esas jornadas, son muertos no a mano de la Policía, sino por enfrentamientos de distintos grupos de la, mal llamada, justicia por mano propia. Gente que fue a defender su comercio y gente que entraba a saquearlo. Claramente, la Policía no actuó.

– Hubo zona liberada.

– Exactamente. Con lo cual uno puede sospechar muy legítimamente cuál era el interés de los intendentes del conurbano de dejar que se generara una situación de violencia que diera la sensación de una falta de control y que, finalmente, provocara la caída de De la Rúa. Igual, ojo, de todas maneras, él colaboró bastante en eso.

– Muy poco tiempo antes, un intendente peronista había dicho “De la Rúa no se da cuenta de que si le sacamos la gente a la calle, lo volteamos en seguida”.

– Fue Raúl Othacehé, de Merlo. Quien, además, luego fue nombrado ministro de Gobierno de Carlos Rukauf. Cuando éste renunció, él volvió al municipio.

– ¿Y sobre las drogas, investigó algo?

– No, yo la verdad no trabajé con ese tema. Mi trabajo tuvo que ver con rastrear los funcionamientos del municipio. Traté de hacer una crónica lo más micro, lo más pequeña, lo más cotidiana posible para contar cómo funciona, ahí, todos los días, la vida política de un municipio.

– La forma en que se manejaba la política en 1870 -municipios, punteros, juego, prostitución- no es demasiado diferente a lo que usted cuenta que pasa ahora. Pasaron más de 100 años y es la misma historia.

– No me cabe la menor duda. © www.economiaparatodos.com.ar