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Martes 4 de junio de 2013

¿Néstor y Cristina se usaron mutuamente?

¿Néstor y Cristina se usaron mutuamente?

Que los Kirchner hayan fracasado en su deseo de controlar el poder “sine die” alternándose en el mismo, confirma a Nietzsche que sostenía que para lograrlo hay que tener ingenio, ser cauto y disimulado. 

Que los Kirchner hayan fracasado en su deseo de controlar el poder “sine die” alternándose en el mismo, confirma a Nietzsche que sostenía que para lograrlo hay que tener ingenio, ser cauto y disimulado. No lo han sido. Su táctica política adoleció de una gran vanidad para creerse insuperables, intentando llevarse todo por delante para organizar una sociedad de “intereses privados”.

¿Recordamos cuando Néstor decía que Cristina mejoraría la “calidad institucional” de su gobierno? Estamos convencidos que cuando lo dijo, el difunto ex Presidente se sentía “apretado” por las consecuencias negativas que comenzaban a acarrearle sus propios errores y trató de vendernos una salida “aristocrática”.

No había previsto ni remotamente que se moriría tan pronto y se preparaba para manejar los “chanchullos” del gobierno entre bambalinas, dejando a su consorte como “relatora oficial” del proceso (como al parecer habían planeado), mientras seguía a cargo de los negocios personales y la dirección “real” de los asuntos públicos.

Cristina parecía tener la “estética” y la “vibración” adecuada para convocar a muchos “agazapados” de la guerrilla de los años 70, quienes se colgaron de inmediato de sus polleras llenándola de elogios mientras se ponían a trabajar en sus propias “reivindicaciones”.

Pero hete aquí que el azar dijo “presente” y a Néstor le fallaron las carótidas y el corazón, acaso por su ansiedad en esconder valijas con dinero que iban de un lado a otro, o desesperado por no poder concentrar aún más los secretos que se llevó con él.

Ahora que ya no está, hasta su ex secretaria (¿amante?), se ha despachado con anécdotas que lo pintan como un político audaz y temerario. Alguien interesado en sumar poder y convertir sus presiones sobre los demás en euros que llenaron las bóvedas que hoy se conocen y otras que jamás se sabrá dónde están. Salvo que Báez, acorralado, decida declarar algún día la verdadera historia de su meteórica fortuna personal.

¿Y Cristina? Comenzó poniendo cara “augusta” al comenzar su mandato, haciéndose cargo exultante del supuesto legado de “calidad” anunciado.

Hasta que luego de acumular un error detrás de otro, Asís, Carrió y finalmente Lanata comenzaron a hurgar en los negocios de su matrimonio y éste último hundió su cuchillo muy cerca del hueso entrevistando a Miriam Quiroga (la ex), mientras hacía “papilla” simultáneamente a Báez, Eláskar, Fariña, Rossi, Pérez Gadín, Copetti,

Ernesto Clarens, los Barreiro y una larga lista de “favorecidos”. Y allí sí, explotó Cristina.

Su plan para “vender” un discurso seudo académico, apoyado en los gargarismos de algunos jóvenes carilindos, quedaba herido de muerte.

Antes de eso, Boudou había sido el primero de sus desaciertos (nos preguntamos si no sabrá algo que debe conservar anonimato). Luego, siguieron los miembros de La Cámpora, supuestamente “dirigidos” por su hijo Máximo (¿alguien puede creer realmente que este joven silencioso con cara inexpresiva pueda ser el jefe de alguna organización política?), que siguen arruinando las empresas puestas a su cargo, e intentan competir para ver quien de ellos se adueña definitivamente del corazón inseguro de la inestable Presidente.

Debe ser muy duro para una persona ideológicamente monotemática, darse cuenta repentinamente que su proyecto de pasar a la inmortalidad ha fracasado y corre serio peligro de salir abucheada de la Casa de Gobierno cuando termine su mandato.

Estamos asistiendo así al final de “La saga de Néstor y Cristina”. O la historia de dos personas que en su camino a una supuesta exaltación personal -para la que habrían “convenido” apoyarse expresamente-, terminaron enfrentados el uno con el otro como en una sutil “remake” de la Guerra de los Roses “post mortem”.

El haberse ensalzado y abrazado efusivamente en vida fue probablemente parte del “juego”: vos me das, yo te doy. O quizá: si me quitas, yo te “borro”. Algo debe haber ocurrido en el ánimo de Cristina al salir a luz ciertos hechos que no estaba de acuerdo con el pacto celebrado con el difunto.

Extrañas cuestiones éstas que pertenecen con seguridad a los intrincados procesos psicológicos de quienes protagonizaron una misteriosa historia política. Una historia de ambiciones sin límite, quebrada por una muerte que reivindicó la vigencia siempre presente del azar.