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lunes 31 de mayo de 2010

No es el modelo, son los modales

Las perspectivas electorales del kichnerismo para 2011 no son buenas, pero el problema de fondo parece ser más de estilo que ideológico.

El diputado Agustín Rossi, jefe de la bancada oficial, ha dicho que Néstor Kirchner es el candidato natural del Frente para la Victoria (FPV). A esa opinión se suman otros como la espada de choque Carlos Kunkel.

Sin embargo, aun cuando mejoró algo los números de su imagen, Kirchner no supera en el mejor de los casos el 25% de medición positiva. Al día de hoy, su única opción es ganar en primera vuelta con el 40% de los votos y un 10% de diferencia sobre el segundo, porque, según todos los sondeos, en segunda vuelta pierde con cualquiera.

La pregunta es, entonces, cómo y de dónde sacar el 15% de votos que le faltan.

Según algunas interpretaciones, la pareja presidencial continuará llevando las cosas al extremo, sin aflojar un tranco de pollo, sin dar muestras de acercamiento, de reconciliación o de amistad con nadie que no sean los suyos propios. De acuerdo a esa visión, podrían colgar un trapo de la Casa Rosada, a la manera de las hinchadas de fútbol, que diga, como lo dicen éstas, “nunca hicimos amistad”. Ese regodeo con la inconvivencia con el diferente parece que será, como fue toda la vida para los K, el sello profundizado de lo que les queda de gestión.

Esa tendencia se combinará, según fuentes bien informadas, con la continuación del inyección de dinero artificial (algo así como 55 mil millones de pesos de emisión pura para este año) y algún “lanzamiento” económico tipo un plan hipotecario de medio millón de créditos a tasas subsidiadas para los tomadores, con swaps de la ANSES. Es posible, también, que negocien con las empresas privatizadas de servicios públicos un congelamiento de subsidios a cambio de una extensión de las concesiones.

La otra opción de Néstor Kirchner es especular con Daniel Scioli como candidato a presidente y presentarse él como candidato a gobernador de Buenos Aires. En ese caso, es bien posible que Scioli pierda y Kirchner gane, o viceversa. Ambas chances se reparten las posibilidades de ocurrir. Pero, no es cierto, según dicen algunos, que Kirchner “largue todo” si pierde. Para eso quiere asegurarse cebeceras de playa de poder económico (no político) para tener fichas de negociación en caso de que el electorado lo eche. Muchos están esperando quién ocupará el lugar de British Gas cuando los ingleses dejen Metrogas, para lo cual no falta nada.

Los 15 puntos que le faltan a Néstor son difíciles de conseguir. La base rural que le dio el triunfo a Cristina en 2007 está perdida. La clase media urbana habrá festejado con alegría el Bicentenario, pero no festeja a los Kirchner. El juego explosivo de la inflación puede corroer los bolsillos de enormes franjas de la población en poco tiempo y la economía irreal, inflada, producida por la expansión monetaria, no compensará con ilusiones una realidad que golpeará fuerte en los precios.

Es poco menos que incomprensible que Kirchner –que podrá ser terco, mas no es tonto– haya optado por este viraje inflacionario. Personas cercanas al poder aseguran que quien respalda y está enamorada de Guillermo Moreno es Cristina, no Néstor. El diputado, ex presidente y jefe de la UNASUR sabe que “Lassie” Moreno es un personaje de opereta y que sus conocimientos económicos son tan rudimentarios como, probablemente, los de su propia esposa. De modo que no resulta lógica una apuesta electoral e inflacionaria al mismo tiempo. Salvo que crea que la Argentina es Santa Cruz y esté preparado para hacer a nivel nacional lo que hizo en su provincia cuando ningún número de su administración le cerró: sencillamente no le pagó a nadie.

Al lado de estas inconsistencias económicas está, obviamente, un ambiente social de hartazgo con el perfil que ha adoptado el país, que seguramente se expresará cuando las urnas se abran. No es tanto la incompatibilidad ideológica lo que separa a la sociedad de los K (es evidente que la argentina es una sociedad pro-estatista y no pro-individuo). En realidad, lo que la gente ya no aguanta son las maneras. “No es el modelo, son los modales” ha dicho alguien por ahí.

Al término de los dos períodos kirchneristas (y este es otro ingrediente que les juega en contra: el eterno ciclo argentino que no supera los 10 años sin cambios bruscos), la Argentina será un país distinto del que era en 2003. En muchos casos por las malas razones: la profundización de una cultura clientelar, el aislamiento furibundo al que se halla sometido el país, el empeoramiento de la delincuencia, la ausencia de un horizonte útil para los adolescentes, el aumento de la miseria y de las villas, la pérdida del valor humano.

¿Estará el electorado dispuesto a protagonizar el primer cambio suave en 27 años de democracia? Todos dirán que el de Carlos Menem a Fernando de la Rúa fue un cambio “suave”. Es cierto, si bien los gérmenes de la debacle ya se había puesto en marcha cuando la Alianza ganó en 1999. El secreto radica en que los electores podamos tener opciones racionales que alejen a la Argentina definitivamente de las opciones a todo o nada y de los místicos que creen encarnar la “todez” de la República. © www.economiaparatodos.com.ar

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