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Martes 19 de noviembre de 2013

Nombrar a Kicillof ministro de Economía para que genere confianza es como nombrar a Boudou presidente de Transparencia Internacional.

Nombrar a Kicillof ministro de Economía para que genere confianza es  como nombrar a Boudou presidente de Transparencia Internacional.

No nos engañemos, la limpieza en el área económica podrá frenar las peleas internas, pero no por eso cambiará el rumbo

Lo primero que me viene a la mente es que la elección de Capitanich muestra que CFK no parece estar en la plenitud de su salud para poder seguir con su estilo de confrontación. Hacer de la pelea permanente el centro de su construcción política. Y mucho menos soportar el estrés que genera tener que arreglar todos los líos que armaron sus colaboradores a instancias de sus instrucciones. La eyectada Marcó del Pont no perdió U$S 15.000 millones de reservas desde que se instaló el cepo solo por impericia, sino porque se limitó a obedecer las órdenes de la presidente. Moreno, que parece que sigue en su cargo, no hace los destrozos diarios por sí mismo sin el visto bueno de CFK. Moreno es CFK.

El primer punto es que CFK parece delegar en Capitanich el estrés diario y tratar de llegar al 2015 como pueda.

En lo que hace a Kicillof, a no confundirse. No es que en ausencia de CFK se generaron todos los problemas económicos. Estos vienen acumulandose hace rato en base a un rejuntado de economistas que, si bien parece ser se llevaban mal entre ellos, no lograron un solo éxito desde 2011, por citar el inicio del segundo mandato de CFK. La economía no se deterioró por los enfrentamientos, sino por una visión autoritaria de la misma, visión que, en última instancia, responde a la visión de la presidente. Kicillof y el resto de los miembros del “equipo” económico lejos de frenar la inflación, la aceleraron. Lejos de detener la pérdida de reservas, la aceleraron, lejos de reactivar la economía, la plancharon, lejos de resolver la crisis energética la agravaron, lejos de frenar el blue, lo dispararon y lejos de conseguir ingreso de divisas por un blanqueo muy generoso, fracasaron de punta a punta.

Hablar del supuesto desdoblamiento cambiario hoy no tiene demasiado sentido. Habrá que esperar y ver si lo hacen o no, y si lo hacen bajo qué condiciones. Pero lo que es cierto es que Kicillof deja grandes dudas de que sea la persona indicada para apagar el incendio que ellos mismos generaron en la economía. En primer lugar porque tuvo dos años para advertir lo equivocado del camino y tiempo suficiente para irse si no estaba de acuerdo con lo que se estaba haciendo. En segundo lugar, porque más allá de la enorme distorsión de precios relativos que tenemos, lo que necesita la economía argentina es seguridad jurídica. Leyes, normas, reglas que atraigan capitales. ¿Puede un ministro de economía atraer capitales para que hundan inversiones cuando se despachó a gusto contra lo que él denominó “esa palabra horrible de seguridad jurídica” y haber sido uno de los impulsores de la confiscación de YPF que hoy no saben qué hacer con la empresa? Nombrar a Kicillof ministro de Economía para que genere confianza es  como nombrar a Boudou presidente de Transparencia Internacional.

En síntesis, no nos engañemos, la limpieza en el área económica podrá frenar las peleas internas, pero no por eso cambiará el rumbo. Tampoco cambiará el rumbo Capitanich, porque el rumbo lo marcará CFK. Establecerá las líneas generales y ellos las ejecutarán. Ahora, cuando el rumbo elegido no lleva a buen puerto, no hay timonel que pueda evitar el choque. Y si encima el timonel está de acuerdo con el rumbo que le indicaron, no sería de extrañar que la crisis se acelere.