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Lunes 2 de febrero de 2009

Pasemos de poner la oreja a ser todo oídos

Aprender a escuchar es el requisito indispensable para poder comunicarse en el seno de la familia.

Mucho se habla hoy en día de la importancia de la comunicación como instrumento de prevención para gran cantidad de conflictos familiares y sociales. Se ha estudiado en los últimos años desde distintas disciplinas a la comunicación y todos coinciden en que es una de las experiencias esenciales para el ser humano. Podemos afirmar que “no es posible no comunicarse”.

¿Por qué, entonces, es tan difícil hacerlo bien? ¿Por qué en la era de la comunicación estamos más incomunicados que nunca? Tenemos a nuestro alcance todos los avances tecnológicos que deberían facilitarla. Sin embargo, vemos a diario que esto no sucede.

Creo que deberíamos reflexionar sobre este tema partiendo de la base que comunicarse no es simplemente hablar o decir, sino que es “un encuentro entre personas donde cada una de ellas es capaz de donar al otro algo de sí mismo”. Comunicar es hacer común algo.

Debemos pasar de lo físico (te pongo la oreja) al oído, lo que nos constituye como personas. Así pasamos de oír a escuchar. Es importante entender que detrás de las apariencias hay una persona que tiene una vida.

¿Cuál es la cuna de la comunicación? La familia. Allí aprendemos a encontrarnos con los otros como personas, es el lugar en donde nos enseñan a hablar pero sobre todo a escuchar lo que nos dicen, lo que sugieren, lo que callan… Comunicarse es comprenderse, respetarse, tolerarse en un clima de confianza y seguridad. De esta forma pasamos de “poner la oreja a “ser todo oídos”.

¿Cuál es, por lo tanto, nuestra responsabilidad como padres? Crear un clima familiar adecuado para el encuentro con el otro, cuando hay confianza las personas se conocen mutuamente. Si nuestros hijos confían en nosotros, están seguros. Esto los lleva a desarrollar un sentido de pertenencia a la familia que les permite expresar todo aquello que sienten, piensan y necesitan. Aún aquello que es negativo, ya que son reconocidos por sus propios valores.

Para esto los padres debemos:
• Desear escuchar lo que tengan nuestros hijos para decir.
• Disponer del tiempo necesario para hacerlo.
• Aceptar a nuestros hijos como personas, lo que implica reconocer sus sentimientos.
• Confiar en ellos.
• Respetar su individualidad acompañándolos en cada etapa de sus vidas.
• “Ver”, “escuchar” y “sentir” el mundo como ellos lo “ven”, lo “escuchan” y lo “sienten”.

Hoy, nuestros hijos, tanto los más chiquitos como los más grandes, piden ser escuchados. Es llamativo escuchar a grupos de adolescentes en los talleres que realizamos en la Fundación decir que necesitan a sus padres dispuestos a escucharlos. Cuando un niño o un adolescente pide comunicarse con un adulto (no con cualquiera sino con sus padres) es porque necesita hacerlo, ya que algo está ocurriendo algo en su interior.

¿Quién mejor que nosotros, sus padres, para escucharlos y acompañarlos? Sabemos que no es fácil, el tiempo es tirano, se acerca fin de año con las corridas habituales. Parafraseando el dialogo de una película: “ayer está en el pasado, mañana no se que irá a pasar, hoy es un regalo y por eso se llama “presente”.

Hoy podemos hacerles un regalo a nuestros hijos escuchándolos y enseñándoles que la clave de una buena comunicación es saber escuchar. . Estamos convencidos de que el tiempo es hoy.

Seamos oídos atentos para de esta manera pasar de “escuchar a vivir”.

“Y que en la dulzura de la amistad haya lugar para la risa y los placeres compartidos. Porque en el rocío de las pequeñas cosas el corazón encuentra su mañana y toma su frescura.” K. Gilbram © www.economiaparatodos.com.ar

La profesora María Pía del Castillo es coordinadora de programas de la Fundación Proyecto Padres.


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