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Miércoles 9 de abril de 2014

¿Qué es el capitalismo «de estado»?

¿Qué es el capitalismo «de estado»?

La palabra  capitalismo se ha prestado, y desde épocas posteriores a K. Marx  (quien habría sido el más prolífico divulgador del término) a interpretaciones  de las más variadas y contrapuestas en su significado

A continuación, vamos a  examinar someramente algunos de los distintos sentidos que se le han dado a la  fórmula compuesta por las expresiones capitalismo, por un lado, y  estado, por el opuesto, y que es lo que han pretendido obtener los autores  que emplearon este enunciado con la fusión de ambos vocablos.

 Comencemos con la  visión de un socialista al respecto:

En los países de capitalismo privado  monopolista la clase obrera dispone de un mínimo de libertades  democráticas… y que son, aunque limitadas, suficientes no sólo para tomar  conciencia de la explotación a que es sometida, sino también para organizarse y  luchar contra ella. En cambio, en los países de capitalismo de estado  burocrático, mal llamados ‘socialistas’, la clase obrera no dispone  de esas posibilidades. No puede hacer huelga. Sólo puede organizarse en  sindicatos que son meras correas de transmisión del aparato estatal y del  partido único, y comparados con los cuales eran auténticos paraísos  democráticos los sindicatos verticales de la dictadura franquista (AFS: 156).[1]

Estas palabras de  Semprún revelan con total claridad el grado de confusión conceptual y  terminológica que tienen todos los socialistas (marxistas o no marxistas) sobre  el verdadero significado de la palabra capitalismo. El capitalismo,  desde luego, es privado si se entiende desde el punto de vista de los  derechos de propiedad. Pero es público en tanto y en cuanto se visualizan  los extraordinarios y enormes beneficios del sistema para el conjunto de la  sociedad donde se aplique. Esto último es lo que descarta por completo la calificación  de monopolista (que no es más que un mito). Recordemos que los monopolios,  si bien escasamente posibles, son extremadamente raros en un sistema  capitalista.

Por lo demás, el  capitalismo privado -como lo llama Semprún- (dicho sea de paso, locución  más que redundante), es la antítesis de la explotación de la clase  obrera, a la que si, es sometida en los sistemas socialistas. Parece que,  a lo que dicho autor quiere referirse bajo el rótulo de capitalismo de  estado burocrático, no es más que -lisa y llanamente- socialismo y  comunismo, sólo que no desea reconocer que el socialismo no es otra cosa  diferente a un paso previo al comunismo. Y todo esto, sin entrar a cuestionar  lo inexacto de pensar en los obreros como una clase social. Lo que  indudablemente está mal es llamar a los países socialistas con la rebuscada  fórmula capitalismo de estado burocrático, que no es más que una  contradicción en términos, donde la primer palabra capitalismo es  la antinomia del estado burocrático. Sirva pues la cita transcripta para  revelar el grado de desconcierto y mezcolanza que anida en la mente de un  socialista y/o comunista, (pese a que Semprún, posteriormente, modificó en algo  su manera de ver el tema).

Los alemanes de  posguerra padecían de la misma confusión:

Los sindicatos alemanes reunidos en  la Conferencia de las Cuatro Zonas (Viertel Zonenkonferenz), en mayo de 1947,  reclamaban la instauración de una economía planificada y  dirigida. La propia Democracia Cristiana (CDU) de la zona ocupada por  las fuerzas británicas señalaba en su plan de agosto de 1947 que la  planificación y el dirigismo en la economía parece que serán indispensables por  un largo período, aunque también reconocía los peligros de un  capitalismo de estado para la libertad política y económica de los  individuos. En contraposición, el Partido Liberal (FDP) declaraba que “las  necesidades de la población serán mejor satisfechas por medio de un sistema que  incentive la producción mediante un sistema que dé prioridad a la libre  iniciativa y elimine el sistema económico en poder de la burocracia  (Wirtschaftsbürokratie).[2]

Parece que los  sindicatos y la CDU añoraban el nazismo del cual terminaban de salir (si bien la  CDU se mostraba algo más prudente), lo que contrasta con la afirmación de  muchos, que dicen que Hitler no contaba con demasiados seguidores hacia el  final de su caída (y hasta hay liberales que afirman que fue un  error combatir a Hitler). Más allá de esto último, la cita denota  nuevamente el empleo de la expresión «capitalismo de estado» como  sinónimo de comunismo y/o socialismo.

Otros autores,  enfatizan la sinonimia de la fórmula en estudio con lo que se llama estado  totalitario, en palabras como las siguientes:

En cualquier caso, si es que las revoluciones  modernas son concebibles, hay una presunción de que por las mismas razones que  le obligan a ser totalitario, el capitalismo de Estado corre mayo­res riesgos y  necesita defensas más poderosas contra la revuelta que los Estados que no poseen,  sino que meramente distribuyen lo que otros poseen.[3]

L. v. Mises, a  nuestro juicio con gran acierto, ironiza sobre la alocución:

En años recientes se descubrió un  nuevo término para aquello que quedaba encubierto por la expresión  “economía planificada”: Capitalismo de Estado, y no pueden caber  dudas que en el futuro todavía surgirán muchas otras proposiciones para el  salvataje del socialismo. Aprenderemos muchos nombres nuevos para la misma  cosa. Pero lo que importa es la cosa, no sus nombres, y todos los esquemas de  este tipo no lograrán alterar la naturaleza del socialismo.[4]


[1]Samuel Amaral. «El  largo viaje de un rojo español: del marxismo a la libertad en Jorge Semprún»  RIIM Revista de Instituciones, Ideas y Mercados-Nº 51| Octubre 2009 | pp.  147-200 | ISSN 1852-5970. pág. 180-181.

[2]Enrique Cerdá  Omiste. «La reforma económica alemana de 1948» – Revista Libertas IV:  6 (Mayo 1987) Instituto Universitario ESEADE pág. 5

[3] Anthony de Jasay. El  Estado. La lógica del poder político. Alianza Universidad. Pág. 306.

[4]Ludwig von Mises.  «SOCIALISMOS Y PSEUDOSOCIALISMOS» Extractado de Von Mises, Socialism:  An Economic and Sociological Analysis, capítulos 14 y 15. La traducción ha tenido  como base la versión inglesa publicada por Liberty Classics, Indianápolis,  1981. Traducido y publicado con la debida autorización. Estudios Públicos, 15.  Pág. 25 a 28

Fuente: www.accionhumana.com