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Jueves 20 de junio de 2013

¿Qué va a hacer Sergio Massa?

¿Qué va a hacer Sergio Massa?

El intendente de Tigre Sergio Massa en estos momentos cavila en soledad si animarse o retraerse.

 

 

Las claves para analizar el fallo de la Corte que anuló la ley clave de la reforma judicial imaginada por el kirchnerismo, quedará para más adelante. No porque carezca de importancia sino porque se veía venir. No hubo sorpresas al respecto y, en todo caso, cuanto hay que tratar de imaginar es la respuesta del gobierno.

La Corte se erigió, con arreglo a la sentencia que acaba de conocerse, en el bastión de la constitucionalidad. Al kirchnerismo, que reaccionó airado, le toca ahora mover las negras. ¿Qué hará? Difícil saberlo. Como difícil, en otro orden, sondear la próxima movida de Sergio Massa.

Según lo había anunciado el propio Massa, su decisión de lanzarse al ruedo electoral o, por el contrario, de tomar distancia de los comicios de octubre y permanecer a cubierto de cualquier inclemencia en la localidad de Tigre, se conocería el viernes 7. Ese día pasó y no hubo novedades al respecto. Desde entonces y hasta hoy las especulaciones y rumores de todo tipo, tamaño y color han ganado la escena sin que el misterio de la participación o no del intendente más famoso de la Argentina se haya develado. La verdad sea dicha, nadie sabe nada. Lo cual puede, eventualmente resultar un problema para quienes son sus seguidores y no tienen la menor idea de dónde están parados, y para dirigentes como Francisco De Narváez y Mauricio Macri, cuyos planes podrían cambiar de la noche a la mañana según sea el camino que elija recorrer Massa. En el listado también se debería incluir a Cristina Fernández y a Daniel Scioli, sin dudarlo.

Pero, más allá de los que aguardan con indisimulado nerviosismo lo que resuelva el lord mayor de Tigre, conviene detenerse primero en el actor principal de la trama. ¿Massa sabe lo que quiere o es un emulo de Hamlet? ¿Su silencio es parte de una estrategia debidamente pensada con anterioridad y desarrollada en el tiempo, sin prestarle oídos ni ceder a la inquietud que provoca en propios y extraños, o es tan sólo la exteriorización de sus dudas íntimas respecto de presentarse ahora o de reservarse para 2015?

De un tiempo a esta parte Sergio Massa le ha expresado a la legión de interlocutores que le pedían una definición, dos cosas: en primera instancia que, ni por asomo, encabezaría la lista del Frente para la Victoria y, enseguida, aclaraba que no tenía resuelto presentarse como candidato dentro de cuatro meses. Que no estaba decidido resultaba claro y su indecisión era producto de varios factores. Por de pronto no quería liderar un frente antikirchnerista; temía la reacción que podía obrar Cristina Fernández ni bien se enterase de que había decidido enfrentarla en la provincia de Buenos Aires; se sentía huérfano en términos de apoyos económicos y mediáticos y, por fin, no terminaba de convencerse en punto a la conveniencia de jugar ya. No sería justo, pues, tomárselas con él y enderezarle criticas por una presunta indefinición de último momento.

Ahora bien, distinto sería el escenario si el intendente de Tigre le hubiese confesado a algunos de sus escuderos la vocación de ponerse al frente de la alianza que legitimó el pasado día 12. Hay razones para sospechar que, de no haber mediado una media palabra de parte suya, Jesús Cariglino no hubiese abandonado a Macri para pasarse a sus filas y que Luis Barrionuevo no se hubiera plegado a sus huestes. De novatos de la política podría pensarse que diesen por sentado lo que no era. Pero el mandamás de Malvinas Argentinas y el jefe del gremio gastronómico no son recién iniciados en estas lides. Les sobran combates y cicatrices como para pensar que su paso al frente a favor de Massa semejó un salto a la pileta sin saber si había agua.

La única razón por la cual Massa podría cambiar de opinión sobre la marcha, a horas del cierre de las listas, se vincula con una operación del Poder Ejecutivo nacional que, demás está decirlo, no se iba a quedar cruzado de brazos en el caso de que diese por descontado que el de Tigre lanzaría su candidatura.

En más de una oportunidad Massa, en diálogos íntimos, hizo referencia a la preocupación que tenía respecto de las posibles reacciones del kirchnerismo en el supuesto de que decidiese enfrentarlo en octubre. En eso no se llamaba a engaño y seguramente no se equivocaba por cuanto para la Casa Rosada no es indiferente —no puede serlo— que saliese al ruedo o se quedase en su casa.

Massa en estos momentos cavila en soledad si animarse o retraerse. Si dentro de dos años el panorama fuese el mismo que hoy, haría bien en no presentarse y esperar sentado que el desgaste de Cristina Fernández, Mauricio Macri y Daniel Scioli le allanase el camino a Balcarce 50. Pero nadie está en condiciones de asegurarle algo semejante. Hoy el destino toca a su puerta y le deja servido, en bandeja de plata, un triunfo electoral en la provincia de Buenos Aires que despistaría definitivamente a la presidente, al gobernador bonaerense y al jefe del gobierno autónomo de la Capital Federal. Hoy… Pero mañana, ¿quién lo sabe?

Si sube la apuesta y sale al ruedo está en condiciones de sepultar las aspiraciones de Francisco De Narváez. Si, en cambio, se repliega, y el Colorado se alza con un triunfo a expensas del FPV, sus chances de cara a 2015 decrecerían de manera dramática. La política, según la inmejorable definición de Indalecio Gómez, es “una opción entre dificultades”. En esta encrucijada se halla el ex–jefe de gabinete de Cristina Fernández y sólo él puede elegir una senda o la otra sin conocer a priori que le deparará el curso ulterior de los acontecimientos.

Por fuera de Massa, están expectantes todos los principales actores de la política argentina con cargos más importantes y pergaminos de más entidad que los del hombre de Tigre. Claro que sin su imagen positiva ni su intención de voto. Analizada la cuestión desde el ángulo de los títulos, la presidente de la República, el gobernador de Buenos Aires, el intendente de los porteños y el mandatario cordobés acreditan mayor enjundia que el intendente de una localidad del conurbano bonaerense. Analizada, inversamente, desde la óptica de la gente y de los votos, Massa le saca varios cuerpos de ventaja a los nombrados, sin despeinarse.

Para Cristina Fernández la diferencia entre un Massa candidato o no es la posibilidad de reflotar la re-reelección o la de enfrentar, después de la elección, una crisis de gobernabilidad.

Para Macri, desasistido de candidatos de fuste en el principal distrito electoral del país, si Massa va para adelante tiene una posibilidad de arreglar una salida decorosa. De lo contrario hará un verdadero papelón electoral en Buenos Aires. Para De Narváez la disyuntiva es casi tan dramática como para la presidente: si se presentase el de Tigre debería pensar seriamente en bajarse de la pelea; si sucediese lo contrario, podría ser el ganador en Buenos Aires, resucitar de sus cenizas y aspirar a suceder a Scioli en 2015.

Hagan sus apuestas, señores. Puede pasar cualquier cosa. El final está abierto y todo depende de un intendente. Hasta la próxima semana.

Fuente: Gentileza Massot/Monteverde & Asoc.