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Jueves 10 de junio de 2004

Ricardo López Göttig: “La gran campaña contra los aborígenes la hizo Rosas, no Roca”

Ricardo López Göttig: “La gran campaña contra los aborígenes la hizo Rosas, no Roca”

En el contexto de una clase abierta y con el objetivo de hacer una revisión de la historia argentina y sus protagonistas, el escritor Osvaldo Bayer propuso demoler el monumento porteño del ex presidente Julio A. Roca. La propuesta despertó una gran polémica entre quienes apoyan la iniciativa y sostienen que aquel general fue un “genocida” y quienes se oponen a ella y reivindican la tarea del ex mandatario. Ricardo López Göttig, Doctor en Historia, aclara imprecisiones y aporta datos para comprender en qué consistió y cómo se desarrolló la Campaña del Desierto.

– ¿La Campaña del Desierto que llevó a cabo Roca fue realmente una matanza tan terrible como se dice?

– No. Incluso Roca se sorprendió bastante cuando llegó, porque no encontró demasiadas tribus aborígenes. Realmente era un desierto. Él pensaba que la campaña iba a durar muchos meses más y lo cierto es que no había demasiado contra quién pelear.
La gran campaña contra los aborígenes la hizo Rosas, 50 años antes. Y en ese momento en que todos eran anti-rosistas, tuvieron que reconocer y admitir que la gran campaña ya la había hecho Rosas.

– ¿O sea que la Conquista del Desierto no fue un combate detrás de otro?

– No, para nada. Por eso, el mismo Roca la llamó una “excursión”.

– ¿Cuánto tiempo le llevó la campaña?

– Pocos meses. Después hubo algunas otras campañas parciales en el resto de la Patagonia, pero en líneas generales fue muy breve.

– ¿Entonces, por qué se dice de ella que fue una “gran matanza” e, incluso, ahora la han tildado de “genocidio”?

– Porque en muchos casos falta conocimiento. Se hacen grandes afirmaciones sin estudiar primero.

– ¿Roca fue tan malo como algunos legisladores nos quieren hacer creer?

– No. De todas formas, decir que la Campaña del Desierto no fue un genocidio no quiere decir que uno esté de acuerdo con el método usado, pero hay que entender ese momento. De hecho, en la época nadie se había opuesto a esto. A lo sumo, aquellos que aparecen como opositores lo que proponían era un método más gradual y lento, como Adolfo Alsina que planteaba hacer una serie de fortificaciones contra el indígena. Pero, en la idea de fondo, en el proyecto básico, no había desacuerdo. Nadie se puso del lado de los indígenas y dijo “no, lleguemos a un trato pacífico”.
En primer lugar, si se lo quiere criticar a Roca hay que tener en cuenta esto. Lo que pasa es que se hizo muy célebre con esta campaña a nivel nacional y es la que le abre las puertas de la presidencia de la república. De hecho, él a los 31 años llega a ser general de la Nación, durante la Campaña era ministro de Guerra y finalmente, llega a la presidencia.

– ¿Por qué se lo ha criticado tanto a Roca?

– El problema de Roca es no haber tenido, ni siquiera en ese momento, la prensa a favor. Los diarios históricos que hoy sobreviven eran anti-roquistas. La Prensa era opositor y también lo era La Nación. Hoy uno los ve como diarios que deberían haber sido roquistas, pero en ese momento no lo eran. El diario La Nación era mitrista y La Prensa siempre fue opositor a Roca desde el momento en que él participó de la federalización de Buenos Aires.

– ¿Usted piensa que muchas críticas que se hacen a esos períodos están fuera de contexto histórico?

– Totalmente. Porque mirándolo desde ahora, claro que uno dice “¡qué barbaridad!”. Es obvio que las soluciones que propondríamos hoy serían distintas, pero hay que ubicarse y mirarlo desde la época. Qué estaba pasando, cómo se estaba pensando entonces…

– Si uno puede comprender las coyunturas históricas, se da cuenta, por ejemplo, que incluso la esclavitud fue una gran conquista para los hombres. Antiguamente, antes de que se inventara la esclavitud, aquellos que era derrotados en las guerras eran directamente degollados. Desde esta perspectiva, la esclavitud fue un avance positivo. Hoy por hoy decir que “la esclavitud era algo positivo” suena a disparate porque está fuera de contexto histórico y de la situación de ese entonces. ¿Es a eso a lo que usted se refiere, no?

– Claro. Otro ejemplo: las prácticas electorales durante las épocas conservadoras en la Argentina fueron un progreso con respecto a la época anterior. Porque antes al enemigo se lo degollaba y listo. Se lo colgaba de un árbol y a otra cosa. Con las prácticas electorales fraudulentas, en cambio, el conflicto se limitaba a un solo día en que se tomaban las urnas. Ahí se terminaba todo. No había baño de sangre. Y luego sí había una gran vida parlamentaria, había libertad de prensa, había una enorme variedad de asociaciones que proponían iniciativas. De modo que no era algo perjudicial para la sociedad, siempre que se lo vea desde y con los ojos de la época.

– Hoy en día, quienes critican a la generación del ’80 –que, a mi juicio, son los que hicieron de este país algo fenomenal– hacen hincapié en el tema de la institucionalidad. Sin embargo, si uno revisa desde 1853 hasta Yrigoyen, el único que repite el gobierno es Roca doce años después. Queda claro que ninguno pretendía hacer una reforma constitucional, ni propuso ninguna “tramoya” legal ni nada para perpetuarse en el poder, ni buscaban la reelección constantemente. ¿Con qué autoridad se los critica hoy?

– Justamente. La generación del ’80 no tenía una visión tan egoísta como hoy de la política. A lo largo del siglo XIX hubo una obsesión por mantener el orden, pero siempre de tipo republicano. Ni la anarquía ni la tiranía. Y entonces se respetaban las reglas de juego y por eso había tanta alternancia. Siempre había elecciones parlamentarias. Es cierto que participaba una minoría y no había un voto calificado, pero esto pasaba en todo el mundo.
Este tema es algo interesante de discutir, porque a diferencia de lo que suele decirse, y siguiendo con el tema que veníamos hablando, en nuestro país el que inicia la gran apertura política, en realidad, no fue Roque Sáenz Peña, sino Roca. Él en 1902 propone una reforma electoral que es la más audaz que hubo en Argentina porque proponía el voto del extranjero. Es decir, algo que nadie hacía. Él lo incorporaba a la vida política, pero, obviamente, luego esta ley fue borrada.

– Si uno analiza esa época, Argentina en ese momento tenía un ingreso per cápita que crecía anualmente más rápido que el de Estados Unidos, el de Canadá y que el de Australia ,que eran países con la misma dotación de recursos y con inmigración como nosotros. Que el ingreso bruto creciera así, con tanta inmigración, da la pauta de que se estaba creciendo en forma acelerada. ¿A qué se debe este rechazo constante a esa generación, si fueron los que construyeron este país?

– Yo creo que el rechazo comenzó con el surgimiento del radicalismo que, en realidad era parte de esa generación del ’80. Por ejemplo, Bernardo de Irigoyen había sido ministro del Interior de Roca, Hipólito Yrigoyen fue diputado también del roquismo. Pero ellos necesitaban romper con toda esa generación para mostrar que eran algo diferente.
Era así. Los radicales reivindicaban a Sarmiento y a Avellaneda, pero atacaban a Roca y lo mantenían al margen. © www.economiaparatodos.com.ar

Ricardo López Göttig es profesor y Doctor en Historia, además de autor de la novela “La república de los sofistas” (más datos en www.lopezgottig.com).

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