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EPT | August 12, 2020

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Jueves 25 de noviembre de 2004

NBA y reglas de juego

Las medidas disciplinarias tomadas frente al reciente escándalo protagonizado por jugadores de la NBA y espectadores de uno de los partidos muestra a las claras las diferencias entre un país desarrollado y otro que no lo es: en el primero hay reglas claras de juego, que deben ser respetadas. Y cuando eso no sucede, la justicia actúa rápidamente y sin distinción de posición social, política o económica.

El pasado viernes, en uno de los partidos de la NBA (la liga de básquetbol de Estados Unidos), cerca del final del encuentro entre los equipos de Indiana y Detroit, se desató una trifulca entre algunos jugadores y parte del público. Todo comenzó cuando el jugador de Indiana, Ron Artest, fue expulsado por juego brusco. Como consecuencia de ello, éste se acostó en la mesa de control en señal de protesta. Fue ahí cuando uno de los espectadores le arrojó un vaso con cerveza y esto desató la reacción de Artest, quien subió a las gradas, junto a otros compañeros de equipo, para agredir a los espectadores.

La bochornosa situación llevó a las autoridades a tomar medidas disciplinarias muy duras para con los que participaron de la pelea: “El comisionado (David Stern) de la NBA suspendió a Ron Artest, de Indiana, hasta el final de la presente temporada, es decir, 73 partidos. Ello le supondrá al polémico jugador perder 5,2 millones de dólares de su salario. La sanción es la mayor en la historia de la NBA no relacionada con doping. Stern también anunció sanciones para otros ocho jugadores. Por Indiana, Stephen Jackson se perderá 30 partidos (perderá 1,8 millones de dólares); Jermaine O’Neal, 25 (4,5 millones de dólares) (…) En total, Stern aplicó sanciones por 143 partidos. «Fue unánime, uno a cero. Fue mi decisión. La línea ya está trazada, y apuesto a que no volverá a ocurrir», afirmó el comisionado. «Tenemos que transmitir el mensaje de que hay límites en nuestros partidos. Y uno de ellos, que siempre permaneció igual, es el que separa a los aficionados de la cancha. Los jugadores no pueden perder el control y saltar a las gradas»”(1).

El mensaje es muy claro por parte de las autoridades de la NBA. Podríamos tomar dos enseñanzas muy importantes de este caso. Primero, el que comete una falta grave recibe una pena severa, no sólo deportiva sino económica. El ser estrellas que ganan millones de dólares no da impunidad, aun si los protagonistas del suceso fueron agredidos en forma indebida por algunos aficionados. Los límites están muy claramente marcados y nadie puede cruzarlos se llame como se llame. Segundo, la celeridad con la que se tomó la sanción disciplinaria: apenas en tres días se dio a conoces el fallo de la NBA. La justicia, si es lenta, no es justicia.

Cuánto mejor funcionarían las cosas en nuestro país si tuviésemos ejemplos de esta clase. Naturalmente, hice el esfuerzo de imaginar qué habría sucedido si esto hubiese pasado en un partido de fútbol local. Me cuesta pensar que se hubiesen tomado medidas tan drásticas y tan rápidamente. No hubiesen faltado aquellos, que esgrimiendo el “derecho a trabajar”, dijeran que la sanción es inconstitucional porque prohíbe a los jugadores involucrados ganar su salario. Seguramente se habrían creado comisiones ad hoc para investigar el caso, sin llegar nunca a ninguna conclusión, ya que el sistema de audio y video ese día no funcionaba bien, o en el caso de funcionar se habrían perdido los tapes seguramente. Ni qué hablar de los infaltables “barras bravas” que hubiese presionado a todo aquel encargado de tomar las medidas disciplinarias. En fin, sencillamente me resultó imposible imaginar que un hecho similar se podría resolver de la misma manera.

Es quizás en estos hechos donde mejor se puede apreciar la diferencia entre un país desarrollado y otro que no lo es. El respeto de las reglas de juego sin distinción de posición social, política o económica.

Y no es que nosotros no dispongamos de este principio en la Constitución Nacional, como reza el artículo 16: “La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales, ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley…” Sólo que como sociedad no tenemos incorporados estos conceptos fundamentales, y aquellos que deberían dar el ejemplo son precisamente los que más los violan.

La NBA es una de las ligas deportivas más importantes del mundo y, como tal, es también un ámbito en el que los jóvenes del mundo posan su mirada. Pues bien, este fin de semana han presenciado un espectáculo reñido con los principios del Estado de Derecho, se violó la ley y las autoridades dieron un mensaje muy claro: la ley no se viola y el que lo hace paga por ello. © www.economiaparatodos.com.ar



(1) Diario Olé Digital, lunes 22 de noviembre de 2004.


Alejandro Gómez es Profesor de Historia.




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