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EPT | November 24, 2017

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Jueves 20 de julio de 2006

Una esperada derrota en la increíble “guerra de las papeleras”

Como era previsible, la demanda presentada por la Argentina ante la Corte Internacional de Justicia para frenar la construcción de las papeleras uruguayas fue denegada.

La política exterior peronista y populista, casi bolivariana, de los Kirchner es un acabado desastre. Pero, cuidado, esto no quiere decir que otros desastres que están ya flotando en el aire no puedan, quizás, llegar a ocurrir mañana. Como los que tienen que ver con el capítulo de la política económica, en el que la olla de los precios internos sigue -caprichosamente- acumulando más y más presión recordándonos -a cada rato- la súbita explosión que alguna vez ocurriera en tiempos del sinceramiento de los precios que tuviera como protagonista a otro gran peronista “de fuste”, Celestino Rodríguez.

En política exterior, uno de los fracasos más evidentes tiene que ver con el irresponsable deterioro de la relación de nuestro país con Uruguay con motivo de la “guerra de las papeleras”, que -gracias a la intervención personal de los Kirchner- nos “supimos conseguir”.

Esta, la de las “papeleras” es una obra maestra de la “Patria Patotera” que parecemos empeñados en edificar. Desde el poder y desde la calle, con el concurso invaluable de nuestros hermanos asambleístas de Gualeguaychú, para quienes la legalidad, está claro, son ellos mismos.

Como en el caso de los piqueteros, donde la recompensa fue un puesto para Luis D’Elía en el gabinete nacional, también aquí los Kirchner “doblaron la apuesta” (cantaron, entonces, “vale cuatro”) y designaron a la asesora de los “ambientalistas” como Secretaria de Medio Ambiente, pese a ser solamente una oscura joven abogada. Así de grave, provocador e irrespetuoso es el capricho, cuando se basa en el ejercicio autoritario del “poder”. Pese a que el nuestro intenta autodefinirse como un “gobierno de un país serio”.

Una “muerte esperada”

Sin comprender que el prestigio de nuestro país estaba en juego, el gobierno nacional, con pocos escrúpulos, decidió iniciar acciones judiciales contra el país hermano ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Lo que es grave, porque expone nuestra imagen a los ojos del mundo entero. Y a esto le llaman un “país serio”…

Para peor, sabiendo (o debiendo saber) que teníamos un claro precedente en contra en la propia Corte Internacional de Justicia, solicitamos una medida cautelar que no tenía posibilidad de prosperar. Nos referimos al caso “Passage through the Great Belt”, en un litigio entre Finlandia y Dinamarca, resuelto por el tribunal en 1991, donde se denegó la medida cautelar solicitada. A ese caso hay que sumarle otro, entre el Congo y Francia, de 2003. Ambos precedentes eran contrarios a la tesis argentina, pese a lo cual, por algún motivo no jurídico, no se tuvieron en cuenta.

Dicho sea de paso, la propia justicia federal argentina, coincidiendo sensatamente con la CIJ, negó ya -dos veces- a la exaltada provincia de Entre Ríos sendas medidas cautelares de similar naturaleza. Negativa que, apelada que fuera por la provincia, fue confirmada por la Cámara Federal de Apelaciones de Paraná, lo que tampoco se tuvo en cuenta y se silenció ante la gente.

Ni afuera, ni adentro, se justificaron las medidas cautelares pretendidas por los entrerrianos. Sencillamente porque en los delitos de carácter ambiental no hay lugar para la tentativa. O hay daño, o no lo hay. Así de claro.

Esta derrota ocurrió pese a que la delegación letrada argentina dobló en número a la oriental, mucho más discreta, aunque aparentemente mucho más sólida. No importa, hay que viajar y mostrarse en el mundo. El problema es qué es lo que mostramos: prepotencia, intransigencia, desconocimiento de los antecedentes, falta de solidaridad, ausencia de vocación de diálogo, tendencia a amenazar al más débil, desprecio por la ley y el derecho…

Horrible, ¿no es cierto? ¿Y quién paga el daño a nuestra imagen nacional frente al mundo? ¿Greenpeace, que ahora pide prudencia y ayer atizaba el fuego? ¿Los estancieros, como los Sánchez Álzaga, que parecen defender su balneario sobre la costa argentina del río internacional y creer que tienen derecho a gozar (y vender) -para siempre- una “costa bonita” del otro lado del río; en otro país, cuyos derechos soberanos al desarrollo y generación de ocupación deben inclinarse ante las pretensiones de los ricachones de mantener un statu quo que obviamente les conviene? ¿Los vecinos de Entre Ríos? ¿Los de Gualeguaychú? ¿Los Bustis? ¿Los Kirchner? ¿La Cancillería? ¿Magoya? ¿Nadie?

¿Renunciará alguno ante el propio fracaso evidenciado? ¿Por elegancia? ¿Por vergüenza? ¿Por calidad? ¿Por responsabilidad? ¿Por amor propio? ¿Por si acaso? No. Los “zurdos” nunca renuncian; recuerde esto lector, y no se va a equivocar.

La sentencia adversa de la CIJ era una “muerte esperada”. Especialmente si recordamos la calidad de sus miembros, como la británica Higgins, el alemán Simma, o el japonés Owada, o los latinos Parra-Aranguren o Sepúlveda-Amor.

Todos votaron, salvo “nuestro” Vinuesa, en contra. Uniforme, masiva y unificadamente. Sin reservas, ni disidencias. Ni estridencias, por supuesto.

Igual “nos tiramos el lance”. Como si no tuviera costo. Y nos fue mal. Pésimo, más bien. Y, peor, aunque ahora algunos clásicos “corifeos” del poder nos quieren convencer de que de alguna manera “casi ganamos”. Que, en realidad, no nos fue tan mal, pese a que perdimos por 14 a 1. Que es 14 a 0. Ya que el 1 que votó en nuestro favor era el juez ad-hoc, aquel que nosotros mismos designamos, el Dr. Vinuesa, cuyos gastos y honorarios presumiblemente pagamos. ¡Increíble!

Si el sueño imposible se hubiera materializado, seguramente muchos hubieran ido a festejar ruidosamente al Obelisco, transportados en forma ordenada en ómnibus naranjas, como siempre, como si eso fuera gratis. Por eso nos va mal, porque no reflexionamos en el tipo de sociedad en la que nos hemos convertido.

Lo que nos “dijo” la CIJ

Antes de cerrar, cabe reflexionar brevemente acerca de algunos “mensajes” que contiene la esperada negativa -terminante- de la CIJ de hacer lugar a la pretensión argentina de que se suspendiera la construcción de las papeleras, porque ésta era -nada menos- la medida “precautoria” solicitada. Veámoslos:

• ¿Alguna vez nosotros le pedimos autorización previa a Uruguay para construir puertos del lado argentino del río? ¿Por qué nos “rasgamos las vestiduras” ante el puerto que fuera autorizado para las papeleras por Uruguay?

• ¿Qué pasa si mañana, como parece haber ocurrido en todos los lugares del mundo, las nuevas papeleras uruguayas, resulta que, en operación, no contaminan? Nosotros afirmamos -rotundamente- que el moderno proceso que utilizarán contamina. ¿Qué ocurrirá cuando ello no suceda? ¿Pagaremos los enormes daños que produjimos a Uruguay, que ya se nos están reclamando? ¿Incluyendo los que nosotros mismos llamamos “progresistamente” “daños sociales”?

• ¿Cómo nos animamos a acusar a alguien de tratar de generar “hechos consumados” después de haber visto los generados groseramente por nuestros conciudadanos, durante largos meses, especialmente por los hermanos de Gualeguaychú, completamente al margen de la ley y del derecho? ¿No seremos, nosotros mismos, en rigor, el “reino de los hechos consumados”, razón por la cual pensamos que el resto del mundo es igual a nosotros, cuando lo cierto es que no lo es?

• ¿Podemos ver, todos, por transparencia mínima, el video acompañado por nuestros abogados a la CIJ que la propia CIJ se negó a ver? ¿Quién lo produjo? ¿Cuál es su contenido?

• ¿Por qué no nos explican qué fue, exactamente, lo misteriosamente acordado sobre las papeleras por los cancilleres de ambos países el 2 de marzo de 2004, según afirma -una vez más- la contestación de Uruguay? ¿O no hay constancias de lo que se acuerda? ¿Quién comprometió la palabra argentina? ¿Rafael Bielsa? ¿Dónde está la transparencia?

• ¿Por qué no se informa a nuestro pueblo acerca de las papeleras argentinas que, utilizando tecnologías obsoletas, están -según afirma la contestación de Uruguay- contaminando abiertamente y todos los días nuestros ríos en otros lugares? ¿Dónde? ¿Quiénes son? ¿Tienen “patente de corso”? ¿Qué vamos a hacer con ellos? ¿No son estos actos propios que hoy nos descalifican absolutamente y nos descalificarán aún más mañana?

• ¿Es cierto que la Argentina agravó las cosas al no hacer cumplir la ley y permitir el bloqueo comercial del Uruguay? ¿Generará esto la obligación de compensar los daños causados? ¿Quiénes son los responsables de hacer cumplir la ley que evadieron sus responsabilidades? ¿Por qué no explican cuál fue la razón para, como es habitual en nuestro medio, no hacerla cumplir? ¿Miedo? ¿Capitalización de resultados políticos? ¿Humo? ¿Irresponsabilidad? ¿Mediocridad?

• ¿Por qué no se pudo “persuadir” a la CIJ de que la construcción de las papeleras causaría “daño irreparable” al medio ambiente? ¿Porque no es cierto? ¿Porque no es así? ¿Porque es falso? Esto es gravísimo.

• ¿Hay, como dice la CIJ, un “derecho al desarrollo económico” que tienen los Estados ribereños? ¿Podemos desconocer el que le corresponde a Uruguay? ¿O hacemos lo que “se nos da la gana”, siempre?

• ¿Vamos a aceptar, como dijo expresamente la CIJ en su párrafo 82, última parte, evitar las acciones que “puedan hacer más difícil la resolución de la disputa”, incluyendo las de corte patotero, o prepotente, o insolente, y, mucho más, las abiertamente ilegales? ¿Han sido nuestras conductas hasta ahora las propias de un proceso de “consultas en buena fe y cooperación”? ¿Lo serán mañana? ¿Usted lo cree? ¿Es esto posible con la “filosofía” de los Kirchner? ¿Seguiremos amenazando a Uruguay? ¿No existe el diálogo? ¿No puede encontrarse un equilibrio bilateral, en base a concesiones recíprocas, lo que suele suceder en el resto del mundo civilizado? ¿Por qué?

• ¿Será esto algo así como “lo del tero”, para que miremos para allí, mientras nos acercamos rápidamente a las visiones del mundo de los países radicales y extremistas, como Cuba y Venezuela, que defienden abiertamente a Irán y a Corea del Norte? ¿Cuándo nos sumaremos a ellos? ¿Es todo lo mismo? © www.economiaparatodos.com.ar




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