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EPT | December 9, 2021

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Jueves 19 de julio de 2007

Admitiendo estaba la gansa

La reciente creación del Fondo de Garantías de Sustentabilidad, cuyo objetivo sería garantizar los beneficios de la seguridad social a los futuros jubilados, implica reconocer que, en los hechos, el Estado no es un buen garante de los ahorros para la vejez que realizan todos los trabajadores.

El ícono nacional del humor, Alberto Olmedo, popularizó una frase que hacía referencia al acto de pagar: “poniendo estaba la gansa”, decía el “Negro” cuando alguien tenía que meter la mano en el bolsillo.

Parafraseándolo, podríamos decir “admitiendo estaba la gansa” del dúo Sergio Massa, el director nacional de la Anses, y la ex ministra de Economía, Felisa “Bolsa” Miceli, porque la semana pasada, en medio de una conferencia de prensa que seguramente ellos interpretaron como el marco adecuado para anunciar un “golazo” del nuevo estatismo argentino, informaron sobre la creación del Fondo de Garantías de Jubilaciones con un fondeo de entre 15 mil y 20 mil millones de pesos para asegurar, según ellos, que “nunca más los fondos de los jubilados sean utilizados para cerrar las cuentas fiscales”.

Ésta es una enorme confesión de las autoridades de lo que, por otra parte, no es más que una verdad histórica que sólo un enceguecido retorcimiento ideológico puede animarse a desconocer.

Varias veces hemos sostenido en estas columnas el sentido esencialmente estafador que ha tenido el sistema de jubilaciones de reparto en la Argentina cuando dicho esquema era el único vigente en el país.

Fueron cientos de miles los embaucados por un sistema que hizo desaparecer el ahorro de inocentes trabajadores que, cuando fueron a buscar lo prometido, se encontraron con la nada. Los fondos no estaban. “¡¡¡Pero, cómo, si los hemos aportado durante años…!!!!” fue la exclamación, mezcla de incredulidad e inocencia. “Hubo que usarlos para cerrar las cuentas… se usaron para otra cosa…”, fue la cruel respuesta.

Ésta es la forma en que se maneja el Estado. Esa entelequia confusa en la que perversamente siguen confiando los argentinos se ríe de todos nosotros, violándonos primero y viendo cómo aún lo defendemos, después.

Los hechos de la historia no devienen de la ideología ni de la subjetividad. Son eso: hechos. Allí están presentes para quien los quiera comprobar.

En un conmovedor acto de franqueza, Massa y Miceli vienen a admitir ahora –indirectamente– que aquella estafa sucedió. Nunca se sabrá si el cuento del cierre de las cuentas fiscales fue realmente verdadero o si alguien directamente se robó el dinero. A los efectos prácticos, la diferencia no tiene demasiado sentido, de todos modos. Lo que no puede evadirse es la responsabilidad por la estafa, por la promesa incumplida, por el embaucamiento de la pobre gente que entregó sus ahorros a un barril sin fondo.

Como también lo hemos repetido muchas veces desde aquí, cuando el Estado, haciendo gala de ese poder hipnótico que suele ejercitar con (contra) los argentinos, reclama de las AFJP el traspaso de los fondos de aquellos que (increíblemente) han optado por volver al sistema de reparto, lo que se verifica (también como una verdad incontrastable) es que los fondos están. El maléfico e insensible mercado los ha conservado, los ha incrementado y los ha devuelto. Aquel del que todos desconfían ha sido el más confiable cuando se trató de administrar los fondos más sensibles del ser humano: los de la vejez. El Estado, ese misterio “buenito” y confiable, no pudo –no puede– decir lo mismo. Cuando tuvo los fondos monopólicamente (porque no había otro sistema jubilatorio en el país) los hizo desaparecer, los “usó para otra cosa”, los robó, lo que sea, no importa para el caso, lo cierto es que no pudo devolverlos.

Ahora, como los chicos, dicen “que no lo van hacer más” y que para hacer más cierta su promesa crean un Fondo de Garantías para que todos los futuros jubilados estén seguros de que van a cobrar lo que les corresponde.

Queridos funcionarios míos: allí están los fallos de la Corte exigiéndoles que les paguen a los jubilados (a todos los jubilados) lo que les corresponde y allí continúan ustedes cacareándose de la risa en la cara de todos ellos… No mientan más, por favor… Ya fue suficiente. Si alguien aún no lo advierte, ya sufrirá en carne propia lo que probablemente ya sufrieron sus abuelos o sus padres. Pero que todavía exista esa gente que no se da cuenta no los autoriza a seguir mofándose del resto.

Por lo demás, ¿de qué sirve en este país que un conjunto de oscuros burócratas salgan a garantizarle algo a la gente por la vía de mostrar un papelito con la creación un fondo de garantía tan oscuro como ellos? En este país, por si no se acuerdan los señores, rigió la llamada “Ley de Intangibilidad de los Depósitos” (también conocida como “Ley de Garantía de los Depósitos”), que fue aprobada por el Congreso durante el año 2001. ¿En qué terminó la bendita “Ley de Garantía de los Depósitos” cuando aconteció el colapso de 2001? ¿En qué suntuoso baño se colgaron sus hojas para darle un uso seguramente más útil que el de blandirla con alguna esperanza delante de un juez? ¿O es posible imaginar el caso de algún jubilado que, vuelto a ser estafado, se presente a la Justicia con la copia de la ley que estatuye el bendito fondo esperando que con ello le devuelvan algo de lo que le robaron?

¡Por favor, señores Massa y Miceli! ¡Ustedes no están en condiciones de garantizarle nada a nadie! Pertenecen a una institución –el Estado– que por definición, por historia y por antecedentes no puede garantizar nada en la Argentina. Se ha cansado de estafar, de robar, de mentir, de defraudar, de prometer lo incumplible y de reírse de todos nosotros. Y, pese a que lamentablemente aún existe gente que por razones misteriosas (aunque a veces no tanto) sigue creyendo en ustedes, hay millones que ya no les creen nada. Que cuando ustedes dicen que hay sol, salen a comprar un paraguas. Así lo prueba la inmensa mayoría de afiliados a las AFJP (más de 10 millones) que, pese a las trabas que ustedes inventaron para forzar un pase de ellos y de su dinero a las manos del Estado (es decir, de las de ustedes), decidieron quedarse donde son propietarios (con perdón de la palabra) de sus fondos y donde no se ha demostrado todavía un solo caso de estafa. Algo que ustedes, claramente, no pueden decir. © www.economiaparatodos.com.ar


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