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Jueves 15 de julio de 2004

¡Al gran K argentino, salud!

Desde hace algunas semanas, las librerías argentinas tienen a la venta una novedad editorial destinada al público infantil: “Neki, el pingüino de las Tierras Blancas”. El libro –abundantemente ilustrado– es un hiper-simplificado y distorsionado resumen de la historia argentina. El héroe y salvador es el pingüino Neki, en obvia alusión al presidente Kirchner.

El escritor argentino Carlos Clavero –radicado en España– es el autor de un libro editado por la editorial Corregidor hace pocos meses. “Neki, el pingüino de las Tierras Blancas es un libro para que lean los pichones. Para que los pájaros se lo lean a los pichones. Y para que lo lean los Pájaros. Luego de haberlo leído, volemos trinando todos juntos por nuestros cielos, para pintarlos nuevamente de azul y blanco”, dice en la contratapa.

Con la ayuda de las ilustraciones realizadas por su hijo Manuel, Clavero sintetiza en apenas 77 páginas (la mitad de las cuales sólo tienen dibujos) cuatrocientos años de historia argentina. A su increíble poder de síntesis –ayudado en muchos casos por la habilidad de suprimir hechos y personajes y alterar acontecimientos o procesos– se le suma un también notable don para las metáforas: el “Hornero Juan” (un “pájaro nacional”) es Juan Domingo Perón, los Estados Unidos son el “Águila Imperial”, los ingleses las “Aves Piratas”, Evita es la “Alondra Eva” y el “pingüino Neki” es, por supuesto, Néstor Kirchner. Casi todos los demás son “Aves Rapaces”, ya que el autor engloba dentro de esta categoría a gobiernos militares y constitucionales de todas las épocas y signos políticos.



(Clickear en las imágenes para agrandarlas)

No voy a sostener aquí la idea de que es posible analizar los hechos históricos desde un punto de vista objetivo, despojado de convicciones personales y posturas ideológicas. Por supuesto que esa exigencia es un imposible. Pero convengamos que una cosa es contar la historia desde un determinado enfoque y otra muy distinta es hacer, lisa y llanamente, propaganda política.

¿Libro por encargo? ¿Fruto de convicciones personales? ¿Panfleto financiado por el gobierno o sus “admiradores”? Poco importa. O, más bien, da lo mismo. Si bien cada cual tiene derecho a expresar sus ideas sin ninguna clase de censura –y está bien que así sea–, lo que molesta es que los destinatarios de esas ideas sean niños. ¿Y por qué? Porque difícilmente ellos tengan las herramientas de análisis adecuadas para interpretar los hechos narrados en estas páginas con un espíritu crítico. En algunos casos por cuestiones de edad. En otros, debido a la decadencia del sistema educativo argentino (que, entre otras cosas, ha logrado que hace tan sólo un par de domingos atrás, durante su participación en el juego televisivo “Pulsaciones”, una reconocida actriz adolescente no fuera capaz de señalar sin ayuda las características del invierno…).

El vendaval de censura y control de la información que instauró Juan Domingo Perón durante sus dos primeras presidencias, llevó la propaganda partidista y política a los libros escolares. Y así no sólo “La razón de mi vida”, el libro firmado por Evita (firmado, ya que probablemente no fue ella quien lo escribió), se convirtió en un texto que los jóvenes debían conocer forzosamente, sino que se editaron especialmente nuevos textos escolares que incluían entre sus páginas clases de doctrina peronista, loas al matrimonio Perón y una interminable lista de todas las cosas que el pueblo argentino podía disfrutar gracias a ellos.

Para los que nunca hayan visto alguno de esos textos (ya que muchos de ellos fueron destruidos por orden de la Revolución Libertadora en 1955), la experiencia de hojearlos no puede suscitar más que vergüenza ajena. No exagero al decir que en alguno de ellos se llegó a proponer como frase para que leyeran los niños de primer grado la siguiente: “Amo a mamá, amo a Evita”. (Aquellos interesados en profundizar acerca del material escolar producido durante el gobierno de Perón, pueden descargar una investigación, con abundantes ilustraciones que hablan por sí mismas: clickear).

A diferencia de lo ocurrido durante los primeros años de la década del ’50, “Neki” no es hoy un libro de lectura obligatorio en las escuelas. Pero conviene abrir los ojos y estar alerta acerca de qué leen sus “pichones”. No sea cosa que les cuenten la historia cambiada. © www.economiaparatodos.com.ar




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