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Jueves 18 de noviembre de 2004

El cuento chino que nadie quiere contar

Más allá de la importancia económica de China para el comercio internacional, conviene repasar, también, sus otras facetas: su poderío nuclear, su altísimo gasto militar, el carácter totalitario de su régimen político y sus violaciones a los derechos humanos y a la libertad de expresión.

Hace una semana que se cumplieron 15 años de la caída del Muro de Berlín. El mes que viene se cumplen 13 años de la implosión de la Unión Soviética. Mientras tanto, a lo largo y ancho del mundo todos están encantados con China, el último bastión comunista de riesgo para el mundo.

Los que ven a China desde un punto de vista únicamente económico ignoran tanto su potencial amenaza para la seguridad del mundo como así también el régimen totalitario imperante allí. Por suerte no son pocos los que han llamado la atención sobre la violación de libertades universales y derechos humanos en ese país.

Freedom House, una ONG internacional, calificó a China este año como un país donde no hay libertades civiles ni políticas de ningún tipo. Otra ONG, Amnistía Internacional, destacó que decenas de miles de personas son violadas en sus derechos básicos. ¿Cuáles son las comodidades del pueblo chino? Detenciones ilegales, juicios sumarísimos, ejecuciones, persecuciones políticas, religiosas y étnicas. Todo ello hace de los viejos Gulags de Siberia un resort caribeño. Los que hacen negocios allí, incluidos muchos argentinos, no quieren ver todo esto. Negocios son los negocios.

En 1989, un grupo de estudiantes descontentos y activistas políticos se juntaron en la Plaza de Tiananmen (Beijing) para protestar contra las políticas del Partido Comunista, equivalente a lo que en las democracias sería el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. ¿Cómo respondió el Politburó frente a los ojos del mundo que veían todo por la CNN? Sacó los tanques a la plaza y empezó a disparar a discreción contra la muchedumbre. Como resultado de este excelente ejemplo de tolerancia murieron más de 3 mil personas y fueron heridas otras 12 mil. Me pregunto: ¿no tienen nada que decir respecto a ello los gladiadores argentinos de los derechos humanos? ¿No era este gobierno argentino el gran reivindicador de los derechos humanos?

En 1972, el presidente Richard Nixon viajó a China. El objetivo original era conseguir que China se alinease con los Estados Unidos contra la URSS. Ya que estaban, se les ocurrió a otros gringos empezar a hacer negocios allí. “La apertura china” pasó a la historia como uno de los mayores logros de Nixon y su asesor Henry Kissinger. No pasó mucho tiempo para que el mundo viera que el apoyo de China a Estados Unidos no tuvo influencia alguna en la caída del Muro. Lo único que logró ese viaje histórico fue enriquecer a China mediante la radicación de cientos de empresas multinacionales. ¿A qué costo para la humanidad? Aún no lo sabemos.

Diariamente los medios del mundo hablan del gigante efecto económico que tiene y tendrá en el futuro el crecimiento sostenido de China. Hoy se ignoran las consecuencias geoestratégicas y militares. En 1999, la conocida revista Time publicó una nota titulada “¿China, la próxima guerra fría?” Pareciera que la respuesta universal es un rotundo no. Sin embargo, la información existente sobre el build-up militar de los chinos hace pensar que la respuesta a la pregunta debería ser un sonoro sí.

China tiene el segundo presupuesto militar después de los Estados Unidos. Gasta anualmente 51 mil millones de dólares. Si bien tiene el ejército más grande del mundo, su equipamiento, el de la fuerza aérea y el de la marina dejan mucho que desear frente a su máximo competidor. Lo preocupante es el nivel de desarrollo que ha alcanzado su arsenal nuclear, que supera las 200 ojivas. En 1964, China hizo detonar su primera bomba nuclear. Hoy, tiene misiles con cabeza nuclear con capacidad de impactar cualquier país del globo, bombas nucleares y un submarino nuclear balístico. Este último puede permanecer meses bajo el agua sin ser detectado, con la capacidad de lanzar misiles nucleares a más de 10 mil kilómetros de distancia.

Teniendo en cuenta esto me siento obligado a preguntar: ¿no representa una amenaza mayor China que Al Kaeda? ¿Qué es más probable: que en el mediano plazo China invada Taiwán o que Bin Laden obtenga una bomba nuclear y la detone en Nueva York? Siendo conocidos los manejos del régimen y considerando que China ha guerreado en el último siglo con Inglaterra, Estados Unidos, India y la URSS, ¿no deberíamos estar un poco más desconfiados de este gigante país hambriento de recursos?

Una última reflexión: si India tiene más de 900 millones de habitantes y su democracia (la más grande del globo) funciona perfectamente, ¿por qué permitirle al comunismo sus masacres en China? Más de 60 millones de ejecutados durante el reinado de Mao. Millones de muertos más por las hambrunas causadas por el “Gran salto hacia delante”. No creo que la cultura china o sus cincuenta nacionalidades no permitan un régimen más tolerante. Alguna solución debe haber.

Podríamos contar alguna que otra vez este cuento chino y no el otro cuento de hadas que nos hace vivir en un mundo de ensueño. Los que alguna vez sufrieron en carne propia el comunismo se deben sentir asqueados ante esta nueva moda china. El Muro de Berlín ha caído pero hemos construido otro que nos ha vuelto tan ciegos que ni logramos verlo. © www.economiaparatodos.com.ar



Francisco do Pico es licenciado en Ciencia Política.




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