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EPT | December 1, 2022

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Lunes 30 de noviembre de 2009

El “relativismo” kirchnerista

El Gobierno aplica una curiosa equidad social, económica y legal que sólo beneficia a los amigos mientras castiga a todos quienes osan pensar diferente.

“Lo único absoluto es que todo es relativo.”

A esta altura no parece posible tomarse muy en serio a la Argentina. Aun cuando los hechos son de una gravedad extrema, sin humor no es factible digerir el acontecer de la política. Será por ello que podemos decir que Hugo Moyano -uno de los más fieles exponentes de la clase dirigente argentina- acompañó a Cristina Fernández al Vaticano, quizás con el firme propósito de afiliar al Sumo Pontífice al gremio, teniendo en cuenta que el Papamóvil es un medio de transporte y, consecuentemente, pertenece a camioneros. De lo contrario, ¿qué hacía el líder cegetista integrando la comitiva? ¿Habrá pensado en bloquear el acceso a la Capilla Sixtina?

A sabiendas de esto, Papá Noel tiembla en su guarida donde recibe cartas de todas partes del mundo menos de la Argentina. Y es que los argentinos ya no piden bicicletas, pelotas, muñecas, patines, ni Barbies, ni Blackberry siquiera: ¡piden parcelas! Y es que la muerte está protegida por un poder político sin respuesta, y por extraños ‘derechos humanos’ garantistas que justifican la delincuencia enmarcándola en un sinfín de carencias, reales pero poco admisibles a la hora de dejar que los asesinos entren y salgan por la misma puerta. Y decimos que Papá Noel tiembla porque su trineo también es un medio de transport y los vástagos de Moyano pueden bloquear la salida de los renos en Nochebuena.

Entre realidades e insensateces se mueve la política. Así como los primeros párrafos responden a un sarcasmo poco sutil, algo burdo y menos elaborado debido a que mi pericia no es la sátira sino el análisis del escenario donde nos toca sobrevivir, lo que sigue dista de ser cómico aunque suene igualmente cínico. Pero ese cinismo sí es un reflejo cabal de lo que sucede a diario en un país que carece de políticas preventivas, y donde los funcionarios apenas balbucean cuando los hechos fueron consumados. En conferencia de prensa, el gobernador bonaerense dijo “hacerse cargo” pero no decretó ninguna medida sino que habló de discutirla… ¿Y mientras tanto? Mientras tanto nadie sabe cuántos más serán enterrados.

Para que cualquier lector entienda qué es lo que pasa sin sutilezas, no hace falta adentrarse en los acontecimientos como si fueran actos aislados, ni mucho menos indagar en estadísticas que se vulneran con una deslealtad extrema. Una triste enumeración, seguramente incompleta, expone a las claras el panorama donde, quienes no figuran a continuación, están a la espera como si se los hubiese condenado por un Ejecutivo cuyo mandato finaliza en el 2011 aunque aún no ha gobernado.

Osvaldo Benítez, Cristian Pieres, Maximiliano Robak, Daniel Capristo, Santiago Urbani, Irene de Rosa, Enzo Galeano, Juan Pedalino, Gonzalo Etcharrán, Renata Toscano, Sandra Almirón, Sandra Brikman y tantos más…, junto a los 23 policías también asesinados en lo que va del 2009 no deberían ser nombres olvidados, pero es tan vasta la lista que ni los archivos logran que el recuerdo se despierte. El ritmo es tan vertiginoso que se pierde tristemente la cuenta y la conciencia.

Mientras los asesinatos son ya moneda corriente, el matrimonio presidencial avanza en su juego sin modificar un ápice la metodología. Esta reiteración de atropellos no admite sorpresa si se tiene en cuenta que el “estilo K” se mantiene inalterable desde el primer día. Esto invalida de alguna manera la apuesta ciega a esa irrupción “oportuna” de “arrepentidos” que descubren de la noche a la mañana las trampas del oficialismo. La ex arrepentida María del Carmen Alarcón es quizás el ejemplo más emblemático por su ida y vuelta a un costo ruin y en exceso bajo.

Desde luego que es hora de sumar para contrarrestar un poder hegemónico sin apoyo popular pero con inalterable capacidad de dañar. Poco grata es la razón por la cual debe hacerse caso omiso a ciertos “pasados” viciados por conductas dúctiles en demasía. De ese modo es como se explica que un Felipe Solá, por citar solo un ejemplo, irrumpa al frente de una bancada disidente.

Ahora bien, la pregunta del millón apunta a desentrañar hasta dónde llega la disidencia y cuánto puede durar. La jurisprudencia ha dado vastas pruebas de la compra-venta de voluntades a precios que no jaquean tan sólo la sanción de una ley sino que hacen tambalear la estructura institucional de un país a la deriva y de una dirigencia sumida en la más vil hipocresía.

El modus operandi del kirchnerismo ha logrado que hasta lo más simple y sencillo se ponga en tela de jucio: todo cuanto acontece en la Argentina parece embebido de una dosis de misterio, y hasta el hecho más insignificante parece tener un ingrediente político. Si acaso el recambio legislativo implica un verdadero cambio, este será neutralizado con artilugios espurios como se nos tiene acostumbrados. Y es que la crisis ha calado profundo. Ya no son los problemas actuales los mismos que se han venido sorteando a lo largo de tantos años. BR>
Hoy, el pueblo no aguarda un cambio en el Ministerio de Economía como sucedía cuando se hablaba de crisis en Argentina. Poco importa a esta altura quién ocupa cada cargo o que Guillermo Moreno o el mismísimo Aníbal Fernández den un paso al costado. El problema es mucho más profundo, y no se agota con maquillaje barato como antaño se intentó acallar tantos reclamos. Hoy la crisis es moral: la “cooptación” de funcionarios, senadores, diputados es un dato inexpugnable que deja al descubierto cuán diferente es el conflicto que ahora enfrentamos comparado a aquellos a los que quizás estábamos acostumbrados.

No es la inflación que no cesa aquello que jaquea con más fuerza, ni son -aunque molesten soberanamente, los paros o cortes de calles aquello que genera mayor hartazgo. El problema raíz se centra en la indignidad que caracteriza a la dirigencia y el relativismo moral que ha hecho mella. ¿Quién pone las manos en el fuego o se juega su honor por alguno de los nuevos “representantes” que conformarán en breve el llamado “nuevo” Congreso?

Los argentinos hemos vivido de esperanzas vanas, apostamos férreamente a providenciales que terminaron defraudando. Sin ir más lejos, se ha creído que el Obispo Piña -venciendo en la provincia de Misiones a Carlos Rovira-, marcaba un antes y un después en lo que respecta a reelecciones indefinidas. La trama culminó con el Obispo fotografiado en Balcarce 50 y un silencio de radio que continúa hasta estos días. Posteriormente, Julio César Cobos con su voto “no positivo” hizo creer que en la resurrección del Parlamento y en el final de su actuación a modo de escribanía. Pero los hechos que siguieron demostraron con creces hasta qué punto nos confundimos.

Similar situación se experimentó con la arenga popular de un liderazgo repentino como el que representara Alfredo De Angeli, y posteriormente la mesa de enlace. Hoy por hoy, no hay certeza absoluta de cómo se han manejado los temas relativos al campo, y por el contrario, hasta se han ‘pasado de bando’ grupos que se pensaba eran férreos defensores de las necesidades de los productores agropecuarios. BR>
En el ámbito del sindicalismo pasa exactamente lo mismo. Apostar a la alianza Kirchner-Moyano es como apostar que Racing Club gana el campeonato. Mario Segovia, sin la firma que reclamaba para oficializar su propio espacio apareció “tranzando” una tregua que debe extenderse más allá de un año. Esta negociación no es sólo un dato aislado en tanto conlleva implícita la duda acerca de la conflictividad que ha de estallar cuando los Kirchner tengan que dar un paso al costado.

Lo cierto es que los providenciales no han sido tales, el escenario no ha variado en los últimos años, y el protagonismo sigue intacto en la figura del ex mandatario. De aquí en más la fórmula no es difícil de desentrañar: se intentará mantener el grado de impunidad para las conductas afines al matrimonio presidencial mientras que se “liberará” (valgan las comillas) al Poder Judicial para que el peso de la ley recaiga sobre aquellos que no cumplan con su deber.

Es el modelo de “equidad” al que alude en sus oratorias la Presidente. Sin prolegómenos la ecuación se sintetiza en un “para los amigos impunidad, para los enemigos dos armas: la Constitución y los códigos”. Esto se evidencia claramente en la denuncia por “coacción agravada” que hiciera la Policía Federal, por orden del jefe de Gabinete para evitar que el líder piquetero de la Corriente Clasista y Combativa, Juan Carlos Alderete bloqueara los accesos a la ciudad. ¿Qué hubiera pasado si tal bloqueo lo anunciara Luis D’Elía por ejemplo? Posiblemente la denuncia la habría hecho el gobierno de la Ciudad y consecuentemente, la “Justicia” hubiera absuelto al piquetero oficial.

Estamos sobreviviendo a las balas en un país donde la igualdad ante la ley es un anatema, de ahí que poco parece servir toda reforma propuesta para intentar poner freno a la delincuencia. Las leyes están, cumplirlas es la tarea y está visto que ese cumplimiento cabe únicamente a aquellos que disienten con el gobierno. © www.economiaparatodos.com.ar


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