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Jueves 10 de julio de 2008

La reaparición de Solá

Como líder de los diputados peronistas que desafiaron las órdenes del Ejecutivo, Felipe Solá volvió a la escena política.

El ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, tuvo un importante protagonismo en el debate por las retenciones móviles en la Cámara de Diputados. Solá fue el líder del núcleo de diputados peronistas que tuvo la “osadía” de desafiar las órdenes taxativas impartidas por el Poder Ejecutivo y rechazó el proyecto oficialista. Se trató, el de Solá, de un gesto político que admite una interpretación que va más allá de una mera toma de posición frente al caso puntual tratado la semana pasada en la Cámara de Diputados.

Solá es un político muy experimentado. Su decisión en el sentido de asumir tan marcado protagonismo en un tema tan crítico y con una posición tan severamente adversa a la postura del oficialismo no puede haber sido improvisada ni impulsiva. Por el contrario, si Solá actuó como lo hizo, fue porque evaluó concienzudamente la situación y decidió tomar esa posición de manera absolutamente deliberada y sopesando debidamente todas las consecuencias. Por eso la conducta política de Solá en relación a este tema amerita un análisis más profundo.

¿A qué está jugando políticamente Felipe Solá? Sólo él puede contestar esa pregunta y, si se le planteara abiertamente el interrogante, seguramente eludiría cualquier contestación directa. Por lo tanto, no nos queda más alternativa que especular. ¿En qué contexto eligió Solá asumir esta posición? En el marco de un creciente deterioro de la imagen del gobierno y cuando empiezan a aparecer signos de oposición al kirchnerismo en el interior del peronismo. Pero fijémonos quiénes son los referentes críticos al kirchnerismo: Eduardo Duhalde, José Manuel De la Sota, Carlos Reutemann, los hermanos Rodríguez Saa, Carlos Menem…, todos “dinosaurios”, figuras desgastadas, con imágenes cuestionables, ligadas a fracasos del pasado. Felipe Solá, en cambio, tiene una imagen públicamente aceptable. En medio de las innumerables convulsiones políticas de los últimos años, Solá logró emerger sin quedar ligado a ninguno de los desastres en los que el país quedó inmerso, tiene la suficiente presencia como para inspirar confianza en su capacidad para gobernar, presenta un perfil dialoguista, que es lo que la sociedad está demandando en las circunstancias actuales y forma parte del más profundo riñón del peronismo. Felipe Solá, en definitiva, reúne las condiciones requeridas como para proyectarse como un eventual sucesor del kirchnerismo…

No faltarán, seguramente, quienes lo cuestionen bajo el legítimo argumento de que, como gobernador de la Provincia de Buenos Aires, fue ineficaz para resolver el crónico problema de la inseguridad. El hecho es absolutamente cierto y desde aquí no estamos intentando hacer una defensa de la figura de Solá. Sólo estamos analizando su desenvolvimiento político y evaluando hacia donde podría estar proyectándose. Pero conviene tener en cuenta lo siguiente: con todos sus defectos, que sin duda los tiene, Solá es largamente preferible al kirchnerismo. Si se llegara a presentar la opción “Kirchner o Solá” (lo cual es posible) sería claramente preferible que triunfe Solá, sin perjuicio de todas las críticas que cabe plantearle.

Todos los demás posibles adversarios del Kirchner, tanto intra como extra peronistas, carecen del peso político necesario como para enfrentar con perspectivas de éxito al aparato gubernamental. Por fuera del peronismo, hay políticos con buena imagen, como Hermes Binner o Mauricio Macri pero no tienen el peso suficiente –al menos, por el momento- como para enfrentar al peronismo, derrotarlo y estar en condiciones de gobernar el país. Por dentro del peronismo, están los “dinosaurios” o, eventualmente, figuras sin peso suficiente como para competir con Kirchner, además de que muchos de ellos se han visto obligados a “bajar la cabeza” por sus necesidades de “caja” en el largo debate por las retenciones móviles. Daniel Scioli, que podría haber presentado un perfil diferenciado, debió resignarse a ser el “furgón de cola” del kirchnerismo para no encontrarse con problemas para pagar los sueldos de los empleados públicos provinciales.

Solá, en cambio, maniobró con habilidad porque tiene un capital político acumulado a lo largo de su extensa gestión como funcionario y eligió luego ubicarse en la Cámara de Diputados, donde no tiene obligaciones inmediatas y cuenta con libertad para expresarse y poner de manifiesto sus diferencias con el gobierno. En definitiva, la reaparición de Felipe Solá es un dato que conviene tener en cuenta porque, pese a todos sus defectos, su proyección como eventual competidor del kirchnerismo permitiría no que Argentina encuentre un rumbo definido pero sí que, al menos, eluda las instancias críticas hacia donde nos conduciría la continuidad del proyecto kirchnerista.

Habrá que ver cómo evolucionan los acontecimientos de aquí en más. Seguramente los cerebros del kirchnerismo ya tomaron nota de la actuación de Solá y de las intenciones que seguramente abriga. No se puede aún afirmar nítidamente que Felipe Solá sea una alternativa inmediata al kirchnerismo. Por lo demás, aunque a un costo muy elevado, el gobierno parece encaminarse a la obtención de una victoria en la “batalla de las retenciones móviles”. El kirchnerismo tiene aún tres años y medio de mandato constitucional y ése es un lapso muy extenso. Pueden pasar muchas cosas a lo largo de este período. Pero la reaparición de Felipe Solá en el primer plano del escenario político es un dato que conviene tener en consideración. Quizá éste sea el punto de partida de la resolución del grave problema que el kirchnerismo representa para Argentina. © www.economiaparatodos.com.ar


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