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Lunes 5 de marzo de 2007

Lo que Kirchner no dijo

Las palabras que pronunció el presidente al inaugurar las sesiones ordinarias del Congreso abundaron en elogios a sus cuatro años de gestión y a las políticas que lleva adelante, pero estuvieron llenas de omisiones.

Del extenso discurso que dio el presidente Néstor Kirchner ante el Congreso Nacional el jueves pasado, uno no puede menos que concluir que, según los datos oficiales, la Argentina ha logrado algo similar al milagro económico alemán de posguerra. Es como si nuestro país hubiese encontrado la fórmula mágica para crecer sin inversiones, sin respetar los derechos de propiedad, con arbitrarias redistribuciones del ingreso, reparto de subsidios a diestra y siniestra, de espaldas al mundo y violando todos los contratos.

Los datos que dio Kirchner en su discurso mostrando a una Argentina potente sólo pueden ser aceptados sin cuestionamientos por un marciano que acaba de llegar a la Tierra y se limita a ver una foto trucada para hacer que algo feo aparezca como lindo. Kirchner también tuvo la habilidad de no hablar sobre cuál será la estrategia de crecimiento de largo plazo. No vaya a ser cosa que una exposición de este tipo deje al descubierto las profundas inconsistencias del modelo.

Por supuesto, alguna mente superficial puede llegar a cuestionar mi pronóstico alegando que ya van cuatro años de crecimiento y la tan mentada crisis sigue sin aparecer. La respuesta a ese cuestionamiento es que la convertibilidad tenía una inconsistencia básica: el tipo de cambio fijo con déficit fiscal. El constante aumento del endeudamiento para sostener la convertibilidad llevaba al aumento del gasto público en forma automática por la mayor cantidad de intereses a pagar como consecuencia del crecimiento del stock de deuda. Durante la convertibilidad, el déficit fiscal apareció en 1995 y fue aumentando en los años siguientes. Mostrar esa inconsistencia y formular un pronóstico no era tan difícil. A pesar de ello, esa inconsistencia fue sostenida por seis años. La salida de la convertibilidad recién se produjo a fines de 2001 a pesar del aumento del gasto público y del endeudamiento. ¿Por qué? Porque hubo recursos para sostener la inconsistencia mediante préstamos del exterior. Algo parecido pasó, en su momento, con el famoso Plan Austral. Todos lo ponderaban a pesar de los controles de precios y la ausencia de reformas estructurales. Duró otros dos años y luego estalló.

De manera que es una verdadera superficialidad afirmar que estamos equivocados quienes mostramos las inconsistencias del modelo vigente y pronosticamos un mal final porque éste todavía logra sostenerse. Un modelo económico puede ser inconsistente pero puede sostenerse por un tiempo si se utilizan diferentes mecanismos de financiamiento. Sin embargo, financiar las inconsistencias no quiere decir que éstas no existan y que dicho financiamiento no agrave el final. Lo que puede ser tema de debate es cuánto tiempo puede un gobierno sostener las inconsistencias. Qué resto tiene para financiar la fiesta. Veamos algunos datos que permiten prever el desenlace.

En su discurso, Kirchner sostuvo que las reservas del Banco Central (BCRA) habían alcanzado los U$S 35.000 millones. El dato es cierto, el problema es que el presidente no dijo cómo logró acumular esas reservas.

En enero de 2006, el presidente anunció, con bombos y platillos, la cancelación total y anticipada de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Al concretarse el pago, el BCRA se quedó con U$S 18.580 millones de dólares. A fines de 2006, el BCRA tenía U$S 32.037 millones. ¿Cómo logró el Gobierno aumentar las reservas del BCRA en U$S 13.457 millones? El superávit fiscal del año pasado sumó unos U$S 3.800 millones, lo que quiere decir que de algún lugar tuvieron que salir los pesos necesarios para comprar los U$S 9.657 millones de diferencia entre el superávit fiscal y el aumento de las reservas. Basta con ver el incremento de la expansión monetaria y del endeudamiento del BCRA para advertir que esa parte tan importante quedó fuera del discurso. A fines de enero de 2006, el BCRA tenía colocados títulos públicos por $ 30.000 millones. Al 16 de febrero de este año, la cifra llega a los $ 52.000 millones. Es decir, más de la mitad de las reservas que tiene el BCRA tienen como contrapartida deuda de corto plazo en pesos, mayormente ajustada por el CER. Es decir, el BCRA emite para comprar dólares y luego retira de circulación parte de los pesos emitidos con más deuda.

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Tampoco dijo Kirchner que los índices de precios están distorsionados por la batería de regulaciones y subsidios que implementa su administración. Sí sostuvo que “que no vamos a recurrir a las políticas ortodoxas de reducir el consumo, seguimos siendo heterodoxos”.

Cuando uno observa cómo está evolucionando la relación circulante/PBI, fácilmente advierte que los pesos en circulación crecen más rápido que la oferta de bienes y servicios. De una relación del 4/5 por ciento en los 90, vemos cómo crece la curva a partir de 2003, hasta alcanzar niveles del 8%. Si la producción de moneda crece más rápido que la de bienes, es obvio que el precio de la moneda se va a deteriorar y la inflación va a hacer estragos en los presupuestos familiares, estragos que pueden disimularse durante un tiempo mediante políticas tipo KGB (aunque el presidente prefiera llamarlas políticas heterodoxas).

Lo que no dijo Kirchner, entonces, es que la economía está acumulando presiones inflacionarias que en algún momento van a mostrar toda su crudeza.

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Kirchner también aseguró que no va a negociar con el FMI para mostrar la independencia política del país. Lo que no dijo es que, en todo caso, sustituyó la dependencia del FMI por la de Hugo Chávez. El pésimo manejo de la deuda externo hace que hoy la Argentina no pueda colocar deuda en dólares en los mercados internacionales y tenga que recurrir al dictador venezolano para poder vender bonos. El viaje de Chávez a la Argentina para encabezar un acto político contra George W. Bush es una clara intromisión de un presidente extranjero dentro de la política local. Lo que Kirchner no dijo, entonces, es que se sacó de encima al FMI y, al mismo tiempo, les cargó a los argentinos el lastre de un dictador al cual el gobierno le rinde pleitesías a pesar de sus intromisiones en la política interna nacional.

Finalmente, Kirchner dijo que la reforma previsional es “un paso que siempre soñó”. Recientemente, el presidente consiguió que el Congreso le diera más vigor al sistema estatal de reparto. Lo que no dijo Kirchner es que las actuales jubilaciones de hambre, a pesar de los aumentos de los que se ufana, son producto del corrupto e ineficiente sistema de reparto. Y tampoco dijo que, en el corto plazo, el Estado tendrá más caja en el sistema previsional pero está acumulando una deuda hacia el futuro con los próximos jubilados.

En definitiva, el presidente listó una serie de supuestos logros en materia de política económica. Lo que no dijo es que esos logros son de corto plazo y a costas del futuro del pueblo argentino. Lo que no dijo Kirchner es que, por acumular poder, está conduciendo a la Argentina a otra crisis económica de envergadura.

¿No lo habrá dicho porque piensa dejarle la hipoteca a otro presidente? © www.economiaparatodos.com.ar


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